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La Coctelera

Volvemos después de la publicidad

Aburridas reflexiones sobre la decadencia del mundo occidental a través de la publicidad. Casi nada, oiga.
Opciones:

12 Junio 2008

Hay que ver cómo discurre la humanidad en las cosas verdaderamente importantes. Es posible que en el mundo haya cantidad de gente que palme por no tener un mendrugo que llevarse a la boca, pero en el glorioso occidente en el que por fortuna nos encontramos, hay otras cuestiones que reclaman nuestra inmediata atención de forma mucho más prioritaria.

El caso es que como parece que el mercado de sustancias que uno puede ponerse en la piel ya está saturado por la nueva moda del aloe vera ese, se ha empezado a discurrir con rapidez antes de que la gallina de los huevos de oro en forma de sensatez y realismo se muera de puro éxito. Así que como ya no hay crema para la piel ni desodorante ni after-shave ni jabón ni matarratas sin aloe vera de ese, una empresa gaditana ha discurrido meter las plantas en un estuche y repartirlas por los supermercados para que las asiduas de la revista Mujer Hoy se la coman mezcladas con las ensaladas y lleguen así al nirvana de sus majestuosas propiedades en favor de la inmortalidad.

De momento, la cosa es más bien una experiencia piloto, pero por una vez y sin que sirva de precedente, conociendo como conozco a este país y sus dicharacheros moradores, me atrevo a hacer una predicción cual Rappel cualquiera: antes de un año, nuestras cajitas tontas se verán inundadas por toda una nueva generación de productos milagro que contendrán aloe vera comestible. Yogures de todas las marcas, sopas de sobre ahora con más fideos, galletas con chocolate y pasas ideales para seguir dieta, leche con soja/vitamina E/aloe vera/fibra/partículas radioactivas hipersaludables, etc.

Y si no, al tiempo.

26 Mayo 2008

Bueno, pues ya tenemos la nueva idea de la dirección general de tráfico para su nueva campaña publicitaria con la que se pretende (supongo, aunque no sé yo) concienciar al conductor de los peligros de una conducción peligrosa.

Ya he comentado alguna vez que me molesta la costumbre de las campañas institucionales (pagadas con el dinero de casi todos, por cierto) de acometerlas como el resto de publicidad, es decir, buscando ser originales. Pues no: lo que hay que ser es claros, y dejarse las ínfulas de publicista "artista" para cuando le paguen por anunciar condones.

En esta ocasión, tenemos a una persona en una silla de ruedas que nos cuenta una historia dramática, un accidente del que él fue culpable, y hubo mucho drama por su imprudencia, bla, bla, bla. Cuando ya estamos todos con un nudo en la garganta, pensando seriamente en la posibilidad de devolver nuestro permiso de conducir para no acabar como el pobre hombre, resulta que nos dice que no tengamos pena por él, que es sólo un actor. Así que se levanta de la silla de ruedas, y se larga. Se supone en ese momento que los espectadores tenemos que reflexionar, pero tengo la impresión de que en realidad no lo hacemos. Seguramente porque si se pretende que uno se siente a meditar lo que acaba de ver, la mayoría no pensarán en "coño, a mí me podría pasar lo de quedarme paralítico por hacer el ganso con el coche", sino en "hay que joderse con las chorradas que se sacan de la manga los de la dgt". Porque es así, y punto.

Cuando hace uno o dos años, no recuerdo, hubo una huelga de grúas, recuerdo especialmente las carreteras del País Vasco llenas de accidentes de todo tipo y condición. Uno se podía hacer cien kilómetros y encontrarse con tres o cuatro leñazos. Durante aquellos días, el índice de accidentes bajó casi hasta cero: los conductores veían, por primera vez y siendo la realidad, lo que sucede todos los días en la carretera.

Obviamente, no se puede reproducir en una campaña oficial algo así. Tampoco se pueden poner imágenes reales de accidentes, porque detrás de ellas hay (o hubo personas). Así que reconozco que hay que esforzarse por llegar al conductor-espectador. De todas formas ¿sería mucho pedir evitar las genialidades de turno e intentar hacer las cosas sin tanto sentido artístico y tanta murga?

13 Mayo 2008


Pop Rocks
Cargado por vince_suelze

Y ahora, hagamos un poco de ciencia-ficción. Vamos a imaginarnos que por estos lares alguien tiene las gónadas de hacer un anuncio así, y pasarlo por televisión. Vale, sé que no es fácil de imaginar, porque por desgracia en este supuesto país de golfos nos hemos vuelto bastante gilipollas por el que dirán y ese cáncer contra la humanidad que es lo políticamente correcto. Pero hagamos un esfuerzo, y vamos a pensar por un momento que sí, que lo pasan. Veamos, paso a paso, lo que sucedería:

-Primer día: Pase del spot en horario nocturno, para pasmo general del televidente. La gente normal se regocija, se echa unas risas, y lo mismo hasta se come unas patatas.

-Segundo día: Asociaciones feministas en general y el Instituto de la Mujer Fashion en particular monta un pollo tal que el atentado de las torres gemelas a su lado carece de toda importancia.

-Internet se inunda de chascarrillos, bromas, y entre medias, algún pichafloja protesta porque aquello le parece poco edificante. De forma obvia y matemáticamente exacta, el resto de la humanidad que todavía podemos pensar por nosotros mismos le mandamos a freir espárragos.

-Tercer día: El Gobierno en pleno, hasta este momento ocupado en la difícil tarea de que la crisis económica no nos deje hechos unos zorros, aparca esas nimiedades para poner cartas en el asunto. La vicepresidenta in person, exclama ante los medios que la libertad de expresión (y mucho menos esa tontería del sentido del humor, que es cosa de chalados y freaks en general) no debe permitir atentados contra la dignidad de la mujer de tamaño calibre. Y que como el anunciante no se la envaine a la voz de ya, le van a caer por todos los lados.

-Tercer día, poniéndose el sol: Efectivamente, el anunciante se la envaina, porque que a uno le llamen de todo menos bonito no le gusta a nadie. Aunque se ha ganado mucha publicidad gratuita a cambio, eso sí. Tenía razón el hijoputa de la agencia.

Gracias a jaimixx, de Insert Coin, por pasarme el enlace del anuncio. Sin embargo, las polémicas opiniones del texto son mías, y nada tienen que ver con él,.

28 Abril 2008

Con dos cojones. Todavía me dura el pasmo, y eso que hace ya un par de días que me encontré con el reportaje publicitario poco y mal camuflado como entradilla de salud de una revista que no mencionaré (por que no me acuerdo, básicamente). Vale que no lo dijeran de forma tan exagerada, pero no nos engañemos, la cosa estaba clara:

El cambio climático puede acabar con la vida de millones de seres humanos. Eliminar de la faz de la tierra centenares de especies que han evolucionado durante miles de años para llegar hasta el día de hoy. Provocar guerras del agua, hundimientos económicos, desastres de todo tipo y condición... minucias, migajas con las que se asusta a la plebe. Lo verdaderamente importante, preciosa, es que el cambio climático supone que, si no te cuidas como te mereces por ser tú y nada más que tú, tu hermosa piel, envidia de las envidiosas que te rodean con envidia, pueda verse afectada por el aumento de la temperatura, la mayor presencia de tiempo soleado, ese viento descontrolado que tanto reseca, por Dios, etc. Así que ponte las pilas, no vaya a ser que mientras algunos científicos pierden su precioso tiempo alertando de la posibilidad de que las cotas oceánicas suban unos cuantos centímetros tú, que para algo vives en la alta sierra y todas esas gaitas ni te van ni te vienen, te encuentres de pronto ligeramente estropeado tu amado cutis por tomar el sol en tu terracita particular. Porque en este mundo todo tiene su preferencia y su orden de importancia, y vale que uno es buena persona y le horroriza que un tsunami descontrolado deje echos un asco esos arrabales caribeños tan pintorescos en su cutre pobreza que visitaste con tu churri el verano pasado, pero a la hora de la verdad no vamos a comparar esas cosas, que todo el mundo sabe que son ley de vida y que cosas veredes, Sancho, con el grave atentado que supone que tanto cambio descontrolado en el clima pueda tostarte, o provocar (Dios en su infinita bondad no lo quiera) algún grano, punto negro, o rojez varia que modifique aún infinitesimalmente la perfección que es tu rostro de marfil pulido. Hasta ahí podríamos llegar: no pasa de hoy que no haga una donación a esos perroflautas de ecologistas que, mira tú por dónde finalmente van a servir para algo.

Pero que no cunda el pánico. Hoy en día las ciencias avanzan que es una barbaridad. Quizá sea tarde para salvar a las ballenas o para que la Antártida (que, bueno, la verdad es que tampoco es un destino turístico muy allá) deje de derretirse como un cubito en un Long Island ice tea, pero las compañías cosméticas están trabajando con su conocido esmero para evitar el problema. Y ya tienen en el mercado un selecto grupo de sus productos especialmente formulados para evitar que tu piel, ese auténtico damnificado del cambio climático que tantos malnacidos preocupados por focas, abetos o malvineses habían dejado de lado hasta hora, siga sufriendo los rigores de tamaño problema que debe ser atajado cuanto antes. Tu cutis así lo reclama. Pero a la voz de ya.

9 Abril 2008


Debe existir alguna ley en alguna parte que obligue a los publicistas a que todos los anuncios de helados relacionen de forma más bien poco solapada a los productos en cuestión con el sexo. Sí, vale, todos sabemos que si queremos anunciar un producto que se chupa, y teniendo en cuenta que la cabra siempre tira al monte, el camino más fácil es siempre el mismo. Y que de todos es sabido que criticar este tipo de imágenes es cosa de feos, gañanes, y en general despojos de la sociedad que bullen de maliciosa envidia cochina.
Pienso que hay otro plus en la imagen de hoy: para evitar que las asociaciones de moscas cojoneras como el Instituto de la Mujer Fashion se nos echen a la chepa y nos pongan a caer de un burro por intentar vender helados con el siempre agradable gancho de una tía desnuda y con cara de que ese helado le está provocando orgasmos a mansalva (el comer cosas frías y dulces es lo que tiene, oigan), pues ponemos a la parejita perfecta de turno haciendo algo que, con un importante esfuerzo de imaginación, pueda parecerse en algo al acto en sí de zamparse un helado con o sin palo. De esta forma, alehop, evitamos las críticas e incluso, con suerte, conseguimos que algún memo con medio dedo de frente nos diga que la imagen in question es arte de ese que supera con mucho a la capilla sixtina y otras mariconadas de hace tropecientos años.

De todas formas, digo yo que en lugar de tirar siempre por lo fácil, le podríamos echar un poco de imaginación a la cosa de cuando en cuando, ¿no?

26 Marzo 2008

Parece que pintan bastos en lo que se refiere al jugador brasileño del F.C. Barcelona. Por lo que se ve, no debe estar a gusto con el simple hecho de que en un mundo tan complejo e injusto como éste el muchacho tiene el resto de su vida resuelta sólo porque sabe (¿sabía?) hacer cosas con un juguete -pelota de fútbol- que la mayoría no podría por mucho que lo intentase, así que se dedica a pegarse la vida padre -aún más- con unas juergas nocturnas de las que hacen época. Por lo visto, como su rendimiento futbolero ha bajado lo suyo, ya se está pensando en empaquetarlo rumbo a algún club turco o similar que se deje una pasta por aquí, y a los aficionados al balompié en general esto les parece una pérdida. A mí, como el fútbol ni me va ni me viene, reconozco que la noticia, si se confirma, me alegra bastante. Y no porque tenga nada en contra del muchacho salvo afearle su absoluto desprecio al currante medio, ni porque desee fastidiar las tardes de domingo a los fans de la pelotita. No. En realidad, como soy un bicho raro, me alegro porque así conseguimos dejar de ver a Ronaldinho, y la madre de Ronaldinho, y el hermano de Ronaldinho, y a los imitadores de Ronaldinho en general, aparecer en tres de cada cuatro anuncios televisados a todas horas, cual plaga bíblica. Porque si se puede llegar a entender que un astro deportivo sirva para vender cualquier cosa, lo de su señora madre primero, y lo de su hermano después, ya clamaba al cielo. Ver a prácticamente toda la familia del jugador repartida por los minutos de publicidad de las cadenas vendiendo casi de todo era la leche. Qué descanso, por Dios.

Sobre todo me imagino lo que ha tenido que ser en la sede de los creativos de la marca de desodorantes que planteaban que el numeroso sudor del jugador, ejemplo de trabajo diario, sólo podía ser combatido con la marca que le contrató. Pues anda que no se pueden hacer ahora coñas al respecto sobre lo rápido que ha desaparecido el sudor del futbolista. Espero, por una cuestión de higiene moral, que la lumbrera responsable de tamaña metedura de pata haya sido puesta de patitas en la calle a la voz de ya.

Por otro lado, siempre viene bien confirmar que la famosa Maldición de las Natillas Danone, que por si no lo sabíais deja prácticamente en mantillas la de Tutankamon, sigue estando en plena forma y se ha cobrado una nueva víctima propiciatoria; cuando Dios cierra una puerta, abre una ventana. Haced, haced memoria de los involucrados en los susodichos anuncios antes del otrora astro brasileño, y luego me contáis.

3 Marzo 2008

Apreciado señor fabricante:

Reconozco que, por enésima vez, piqué como un pardillo cualquiera. Y eso que tenía acumuladas malas experiencia de tiempos pasados, que para qué le voy a contar. Pero de nuevo su publicidad, en la que un tipo con, como mucho, media hostia, y que talmente podría ser yo mismo por lo tirillas, se veía rodeado de modelos de pasarela pero de las de 100 de pecho, subyugadas en parte (es un suponer) por la irresistible fragancia de sus desodorantes, pero también (y de nuevo es un suponer) gracias a las ocultas pero seguramente ciertas gracias con las que el tipejo en cuestión (o sea, yo mismo desde otro punto de vista) fue regalado por la naturaleza, me hizo creer que lo mismo todo aquello podría ser verdad.

Pero no. Tengo que decir que, de nuevo, a mí el prometido (y muy prometedor) efecto ese no me ha funcionado. Mira que me he vaciado botes del susodicho producto que ustedes fabrican como para abrir un nuevo agujero de ozono a la altura del mar cantábrico, pero ni por esas. El otrora abundante pelo de mis sobacos se ha vuelto curiosa y extrañamente quebradizo tras multitud de usos del desodorante de sus amores; de hecho, ha llegado un momento en el que tenía que caminar con los brazos ligeramente levantados para evitar roces y heridas varias mientras pensaba en lo que tienen que pasar los esquimales cuando el invierno arrecia. Pues bueno, debo decir que ni una sola de esas chicas que salen en los anuncios (de hecho, ni siquiera alguna que jamás saldrían en los anuncios) se ha dignado a acercarse hasta mi persona, víctima de esa especie de imán odorífero impepinable que me habían prometido con su publicidad tantas veces repetida.

Comprenderá que me sienta vilmente estafado, porque cuando uno se dedica a utilizar desodorante como quien se trajina cervezas para combatir esa caló, joé, lo menos que se espera, si tanto anuncio le ha convencido, es que algo de lo prometido suceda. Y cuando uno se ha quedado con cara de bobo y un palpitante dolor de gónadas tras una noche de continuados fracasos, alguna que otra carcajada malvada, y un par de bofetones, lo mínimo que se plantea es el poner un pleito a la compañía, tanto por daños morales como psicológicos. Y también por las hostias recibidas, por cierto.

Sé que le puede parecer una tontería vacua, una vana amenaza que no irá a ninguna parte, y que probablemente se tomará todo esto a coña marinera. Así que sólo deseo recordarle que unas risitas parecidas se le escucharon a las tabacaleras norteamericanas hace algunos años, y no vea la cara que se les quedó cuando comenzaron a verse obligados a soltar la pasta porque multitud de usuarios descubrieron de pronto que el tabaco hacía pupita. Uno avisa porque es hombre de bien y educado, que conste.

Se despide afectuosamente,

Un cliente cabreado, mosqueado, y engañado.



P.D.: Y mi natural elegancia me ha hecho obviar los múltiples problemas de escozor, picores varios, y encogimiento testicular, derivados del uso de sus productos directamente en la bisectriz. Pero de momento dejo tan escabrosos detalles para las preliminares del juicio.

29 Febrero 2008

Bien, llega el momento cumbre de la breve historia de la Rebelión: tras el espectacular y un tanto desmadrado rescate de la princesa Leia, la Estrella de la Muerte ha seguido sibilinamente al Halcón Milenario y está a tiro de piedra de Yavin, cuartel general rebelde. Como la Estrella puede fulminar todo un planeta de un solo disparo (mariconadas, las justas), la solución sólo puede pasar por un ataque frontal, desesperado y valeroso, que para eso somos los buenos. Por ello, desplegamos la treintena de cazas estelares de que disponemos, los dividimos en grupos, y listos para repartir hondonadas de hostias.
Llegados a distancia de ataque, nos encontramos con fuego de los turbolásers de los que la estación tiene a puñados, pero como los cazas estelares son pequeños y maniobrables, no dan una. Plan B: desplegar los escuadrones de cazas TIE de la estación. Llegados a este punto, hay que reconocer que la Alianza tiene una suerte del copón: la Estrella tiene el tamaño de una pequeña luna, vamos, que es grande de cojones, y aún así su dotación de cazas estelares es bochornosamente ridícula. Tanto, que por primera vez el plan parece que pueda funcionar. Porque sí, teníamos un plan:

La Estrella de la Muerte es, como ya se ha dicho, grande. También es redonda, pero eso no viene al caso ahora. Como es tan grande, puede resistir un ataque directo sin que se le consiga arañar el casco; sin embargo, gracias a los planos técnicos obtenidos por la princesa Leia, que se los dejó a un robot con forma de secadora que se los llevó a un tal Ben Kenobi que conoció a un tal Luke que se encontró con un pirata vacilón llamado Han Solo con un felpudo de tamaño industrial como amigo que… etc., sabemos que los diseñadores de la estación, que también manda huevos, han dejado un agujero que va directamente y sin escalas al mismito núcleo generador de energía de la Estrella. O sea, que un pepinazo en el sitio justo, y angelitos al cielo. Aunque para que los diseñadores no pierdan futuras contratas con el Imperio, hay que decir en su defensa que, no pudiendo colocar en el agujero ni una mísera rejilla, quizá por problemas presupuestarios, quizá por cuestiones técnicas excesivamente complicadas como para que los plebeyos podamos entenderlas, colocaron el susodicho agujero al final de un largo pasillo bien protegido por un montón de torretas láser de las gordas. Además, tampoco nos pongamos chulos, acertar en el agujerillo dichoso tampoco es tan fácil, que en el Lawrence Holland’s X-Wing más de uno tuvo que probar veinte veces antes de conseguirlo.

Bien, llegados a este punto tenemos a la mayor parte de los grupos de Alas-X e Alas-Y distrayendo a los TIEs por ahí arriba, así que valor y al toro, tres cazas entran en el pasillo, y hacia el agujero a toda mecha. Lamentablemente, Darth Vader in person se ha puesto a los mandos de su TIE especial (el único con hipersalto, a los jefazos siempre de lo bueno lo mejor), así que se cepilla al primer grupo de ataque. Bueno, en realidad uno llega a disparar sus torpedos, pero falla, claro. Sin embargo, gracias a la intervención en el último momento del amigo Han, nuestro héroe consigue, sin necesidad de utilizar computadoras de objetivos ni zarandajas, colar dos torpedos de protones en el mismo centro de la diana. Venga, ya está, retirada a toda leche, la Estrella se desintegra, el Emperador se cabrea, la Alianza vence, y nuestros héroes reciben un medalla por su trabajo, con las excepciones sospechosas de los robots protagonistas y la aún más sospechosa del amigo Chewwie en lo que parece una maniobra racista de primer grado.

Chupado ¿no?

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Bajo el nombre de guerra de Darkpadawan se esconde un ingeniero técnico en la treintena, nacido en el mismo Bilbao, con las vocaciones frustradas de escritor, músico y cineasta. Aficionado a cuestionarlo todo, he encontrado en la publicidad un inestimable filón para comprobar hasta qué punto el mundo en el que vivimos no funciona. Como me gusta escribir, era obvio que algún día terminaría por aquí.

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