La verdad es que escribir por aquí mérito más bien tiene poco, para qué nos vamos a engañar. Fundamentalmente porque casi siempre te lo dan todo hecho. Hoy es una de esas numerosas veces.
Cuando se trata de publicitar alguna de esas engañifas de "bajo en grasas" y similares, de forma más o menos sibilina a su posible receptor / cliente / pardillo se le llama gordo en su puta cara. A veces se utilizan chistes visuales, otras veces se dan vueltas con divertidos circunloquios, y en otros casos por aquello de que las cosas claras y el chocolate espesito, se especifica con todas las letras. Claro, así a quemarropa pues fastidia, se diga de forma directa o tangencial.
Pero últimamente hay una curiosa tendencia a la hora de anunciar productos que para venderlos se utiliza el mismo sistema de "estás gordo", porque todos sabemos que funciona, pero sin decir que lo estás, que como digo a veces queda queda feo. ¿La solución? No estás gordo: sólo tienes tripa.
A día de hoy, aunque supongo que con el tiempo y como sucede con las plagas en general ésto se generalizará, tenemos dos clases de productos que queremos colocar en el mercado. Uno de ellos, que busca reducir una acumulación de gases en lo que viene siendo el cuerpo humano. El otro, pretende que seas regular como un proverbial reloj suizo a la hora de visitar el excusado para hacer esas cositas que haces allí de cuando en cuando. Cagar, vamos. Lo más natural del mundo, pero que es preferible denominar utilizando el inabarcable mundo de los eufemismos.
En ambos casos, podríamos buscar razones referidas a la salud o al bienestar físico para venderlos. Pero coño, qué aburrido. Quién va a gastar su dinero en esos productos si se venden diciendo que son buenos para tu salud, cuando todos sabemos que vamos a vender el doble si te decimos que vas a mejorar tu aspecto físico. Dónde va a parar. Así que, alehop, tenemos la solución. Con los susodichos productos, ya sea perdiendo gases no de la forma asquerosa que a la naturaleza, que ya le vale, se le ha ocurrido, ya sea expulsando como tres o cuatro veces al día los desechos no útiles en tu inmaculado baño, perderás esa tripita, tía, porque tú no estás gorda, lo que tienes es tripita y eso lo arreglamos nosotros en un abrir y cerrar de ojos. Que no se diga que no nos preocupamos por ti.
Ejemplos como éstos me confirman que cada día que pasa nos volvemos más y más memos. Si ya de por sí es un sinsentido preocuparse por tener más o menos tripa y que se deba a una mala digestión o a que nos damos demasiadas alegrías con el chorizo de cantimpalo, resulta aún más cansino volver por enésima vez a la murga de todos los días: estas casi, casi, casi del todo perfecta, tan solo te queda un pequeño detalle, mona, que nosotros podemos arreglar. Y, encima, para más inri, nos ponemos educados y políticamente correctos, que, no, que gorda no estás, faltaría más, si estás maravillosa salvo porque, vaya por dios, estás un poco hinchada. Y aquí lo que importa no es que sea sumamente molesto, e incluso doloroso, qué va. Migajas, tonterías sin importancia. La única razón para cortar de raíz esos problemas es que, lo mismo vete tú a saber, maldición, los demás se creen que has engordado. Horror.

Totalmente de acuerdo, cada vez nos manipulan más con la idea de que vamos a ser monísimos de la muerte. Por desgracia todo está orientado a lo mismo, los laxantes, los coches, los perfumes... Son unos cansinos.