No puedo asegurar la veracidad de lo que sigue, porque por el bien de mi salud no entraré nunca en un McDonalds mientras haya infectas tascas en las que comerse pinchos de tortilla hechos el día anterior. Porque un hombre debe tener sus prioridades bien claras.

De todas formas, quizá sea a causa de mi perenne poca fe en la humanidad, pero no creo que las jugosas fotos (para seres sin paladar, claro) que suelen aparecer en las hamburgueresías tengan demasiado que ver con el producto final que a uno se le entrega. Pero, en todo caso, y para reforzar aún más la impresión de que estás a punto de hacer una buena compra, que a ese cerebro tuyo que siempre está pensando en lo mismo se le ocurra susurrarte desde el inconsciente que ese pan se parece sospechosamente a un culito brasileiro y que, por tanto, esa hamburguesa va a estar sabrosa de verdad, y que a continuación y con las sinapsis cerca de cortocircuitarse mientras se plantea la lógica ecuación  Hamburguesa = SeXXXo te haga rascarte el bolsillo sin pestañear dos veces, será cosa hecha.

O tal vez no. Lo mismo es que los panaderos de McDonalds tienen la hostia de inquietudes artísticas y se dedican a esculpir los bollos de pan a las cuatro y media de la mañana y con el horno a 42 grados. Seguramente sea eso: