Joder. Si es que ya llega un momento en el que la estupidez rampante que nos rodea en forma del debe usted ser perfecto hasta en la calidad de las bacterias de su tracto digestivo me supera. Reconozco que hay que tener imaginación (y mucho morro, pero esa es otra) para buscar resquicios por donde inventarse nuevos productos cosméticos por muy absurdos que sean. Ya hace tiempo comentaba que lo de mejore usted el blanco de sus ojos me parecía una gilipollez insuperable, pero mira, siempre hay posibilidades de sorprenderse aún más a cada día que pasa. Ahora se meten con los talones, que parece ser no hay nada peor que llevarlos con la piel un tanto agrietadilla y ajada, seguramente porque un despiste así no sólo evitará que ligues con el mejor partido de los alrededores, sino incluso que te contraten para trabajar o algo así. Por momentos me imagino al responsable de invención de nuevos productos de una compañía cosmética cualquiera con un dummie en su despacho, marcando con un rotulador todas las partes del cuerpo para las que ya se han lanzado productos de belleza, inasequible al choteo de los compañeros cuando cuenta con los dedos y se dice "el blanco de los ojos ya lo tenemos, el detergente que cuida las manos también, los bronceadores que no necesitan del sol también... coño, los talones. ¿Cómo no se me había ocurrido antes?".

Porque como todo el mundo sabe, los talones femeninos son el segundo lugar en el que un macho-alfa se fija cuando mira a una mujer (sí, tal y como estáis pensando, el primero son los ojos. Obviamente.), y claro, en esa disyuntiva, nada hay más patético que el susodicho posible candidato a gozar de tus encantos tuerza el morro ante la contemplación de esos talones mal cuidados y una piel hecha un asco por culpa de tu costumbre de utilizar zapatos. Y que se gire de inmediato en busca de una mejor candidata, una que probablemente tenga los talones tan perfectos como el blanco de sus ojos, esos en los que él tanto se fija. Por supuesto, tan dolorosa perspectiva, además real como la vida misma y absolutamente cotidiana (seguro que a todas os ha sucedido en más de una ocasión, ¿verdad?), puede, qué digo, debe ser corregida de inmediato, y como es posible, e incluso probable (aunque es lamentable, también es verdad) que necesitas caminar y utilizar calzado al menos mientras cuatro fornidos porteadores no te lleven en volandas las 24 horas del día tal y como mereces, para evitar que tan terrible destino te alcance por fin la industria farmaceútica, que no tiene tiempo ni ganas por lo que se vé para dedicarse a buscar remedios contra el ćancer, tiene para ti el remedio, con lo que por fin lograrás la merecida perfección hasta en tus sufridos talones, que tanto dicen de ti.

La verdad es que cada día que pasa me acojona menos que sigan apareciendo este tipo de productos. La industria en general y la cosmética en particular utilizan un eficiente sistema militar de tierra quemada consistente en tirar para delante arrasando con todo, por lo que no importa el número de productos absurdos que saquen al mercado, ya que precisamente viven de él. Lo que de verdad me pone los huevecillos a la altura de las meninges es que haya, justamente, un mercado para ellos. Porque por más que lo intento no logro aceptar que pueda haber alguien que gaste su dinero en chorradas de semejante calibre. Pero teniendo en cuenta que este tipo de empresas utilizan sondeos e investigaciones varias para ver por dónde pueden ir los tiros con un nuevo producto antes de gastarse un pastizal en almacenamiento y distribución, así como publicidad y promociones varias, si no tienen una cierta previsión de beneficios, me temo que sí, que dicho mercado existe. Lo que me confirma, de nuevo, en que cada vez nos volvemos más bobos.