Bueno, pues ya tenemos la nueva idea de la dirección general de tráfico para su nueva campaña publicitaria con la que se pretende (supongo, aunque no sé yo) concienciar al conductor de los peligros de una conducción peligrosa.

Ya he comentado alguna vez que me molesta la costumbre de las campañas institucionales (pagadas con el dinero de casi todos, por cierto) de acometerlas como el resto de publicidad, es decir, buscando ser originales. Pues no: lo que hay que ser es claros, y dejarse las ínfulas de publicista "artista" para cuando le paguen por anunciar condones.

En esta ocasión, tenemos a una persona en una silla de ruedas que nos cuenta una historia dramática, un accidente del que él fue culpable, y hubo mucho drama por su imprudencia, bla, bla, bla. Cuando ya estamos todos con un nudo en la garganta, pensando seriamente en la posibilidad de devolver nuestro permiso de conducir para no acabar como el pobre hombre, resulta que nos dice que no tengamos pena por él, que es sólo un actor. Así que se levanta de la silla de ruedas, y se larga. Se supone en ese momento que los espectadores tenemos que reflexionar, pero tengo la impresión de que en realidad no lo hacemos. Seguramente porque si se pretende que uno se siente a meditar lo que acaba de ver, la mayoría no pensarán en "coño, a mí me podría pasar lo de quedarme paralítico por hacer el ganso con el coche", sino en "hay que joderse con las chorradas que se sacan de la manga los de la dgt". Porque es así, y punto.

Cuando hace uno o dos años, no recuerdo, hubo una huelga de grúas, recuerdo especialmente las carreteras del País Vasco llenas de accidentes de todo tipo y condición. Uno se podía hacer cien kilómetros y encontrarse con tres o cuatro leñazos. Durante aquellos días, el índice de accidentes bajó casi hasta cero: los conductores veían, por primera vez y siendo la realidad, lo que sucede todos los días en la carretera.

Obviamente, no se puede reproducir en una campaña oficial algo así. Tampoco se pueden poner imágenes reales de accidentes, porque detrás de ellas hay (o hubo personas). Así que reconozco que hay que esforzarse por llegar al conductor-espectador. De todas formas ¿sería mucho pedir evitar las genialidades de turno e intentar hacer las cosas sin tanto sentido artístico y tanta murga?