Apreciado señor fabricante:
Reconozco que, por enésima vez, piqué como un pardillo cualquiera. Y eso que tenía acumuladas malas experiencia de tiempos pasados, que para qué le voy a contar. Pero de nuevo su publicidad, en la que un tipo con, como mucho, media hostia, y que talmente podría ser yo mismo por lo tirillas, se veía rodeado de modelos de pasarela pero de las de 100 de pecho, subyugadas en parte (es un suponer) por la irresistible fragancia de sus desodorantes, pero también (y de nuevo es un suponer) gracias a las ocultas pero seguramente ciertas gracias con las que el tipejo en cuestión (o sea, yo mismo desde otro punto de vista) fue regalado por la naturaleza, me hizo creer que lo mismo todo aquello podría ser verdad.
Pero no. Tengo que decir que, de nuevo, a mí el prometido (y muy prometedor) efecto ese no me ha funcionado. Mira que me he vaciado botes del susodicho producto que ustedes fabrican como para abrir un nuevo agujero de ozono a la altura del mar cantábrico, pero ni por esas. El otrora abundante pelo de mis sobacos se ha vuelto curiosa y extrañamente quebradizo tras multitud de usos del desodorante de sus amores; de hecho, ha llegado un momento en el que tenía que caminar con los brazos ligeramente levantados para evitar roces y heridas varias mientras pensaba en lo que tienen que pasar los esquimales cuando el invierno arrecia. Pues bueno, debo decir que ni una sola de esas chicas que salen en los anuncios (de hecho, ni siquiera alguna que jamás saldrían en los anuncios) se ha dignado a acercarse hasta mi persona, víctima de esa especie de imán odorífero impepinable que me habían prometido con su publicidad tantas veces repetida.
Comprenderá que me sienta vilmente estafado, porque cuando uno se dedica a utilizar desodorante como quien se trajina cervezas para combatir esa caló, joé, lo menos que se espera, si tanto anuncio le ha convencido, es que algo de lo prometido suceda. Y cuando uno se ha quedado con cara de bobo y un palpitante dolor de gónadas tras una noche de continuados fracasos, alguna que otra carcajada malvada, y un par de bofetones, lo mínimo que se plantea es el poner un pleito a la compañía, tanto por daños morales como psicológicos. Y también por las hostias recibidas, por cierto.
Sé que le puede parecer una tontería vacua, una vana amenaza que no irá a ninguna parte, y que probablemente se tomará todo esto a coña marinera. Así que sólo deseo recordarle que unas risitas parecidas se le escucharon a las tabacaleras norteamericanas hace algunos años, y no vea la cara que se les quedó cuando comenzaron a verse obligados a soltar la pasta porque multitud de usuarios descubrieron de pronto que el tabaco hacía pupita. Uno avisa porque es hombre de bien y educado, que conste.
Se despide afectuosamente,
Un cliente cabreado, mosqueado, y engañado.
P.D.: Y mi natural elegancia me ha hecho obviar los múltiples problemas de escozor, picores varios, y encogimiento testicular, derivados del uso de sus productos directamente en la bisectriz. Pero de momento dejo tan escabrosos detalles para las preliminares del juicio.

5 mar 2008 | 05:12 PM
Pues ya somos dos
8 feb 2009 | 11:56 PM
Mientras funcione el efecto EXE...
(Tremendos comentarios, por cierto XD)