Bien, llega el momento cumbre de la breve historia de la Rebelión: tras el espectacular y un tanto desmadrado rescate de la princesa Leia, la Estrella de la Muerte ha seguido sibilinamente al Halcón Milenario y está a tiro de piedra de Yavin, cuartel general rebelde. Como la Estrella puede fulminar todo un planeta de un solo disparo (mariconadas, las justas), la solución sólo puede pasar por un ataque frontal, desesperado y valeroso, que para eso somos los buenos. Por ello, desplegamos la treintena de cazas estelares de que disponemos, los dividimos en grupos, y listos para repartir hondonadas de hostias.
Llegados a distancia de ataque, nos encontramos con fuego de los turbolásers de los que la estación tiene a puñados, pero como los cazas estelares son pequeños y maniobrables, no dan una. Plan B: desplegar los escuadrones de cazas TIE de la estación. Llegados a este punto, hay que reconocer que la Alianza tiene una suerte del copón: la Estrella tiene el tamaño de una pequeña luna, vamos, que es grande de cojones, y aún así su dotación de cazas estelares es bochornosamente ridícula. Tanto, que por primera vez el plan parece que pueda funcionar. Porque sí, teníamos un plan:

La Estrella de la Muerte es, como ya se ha dicho, grande. También es redonda, pero eso no viene al caso ahora. Como es tan grande, puede resistir un ataque directo sin que se le consiga arañar el casco; sin embargo, gracias a los planos técnicos obtenidos por la princesa Leia, que se los dejó a un robot con forma de secadora que se los llevó a un tal Ben Kenobi que conoció a un tal Luke que se encontró con un pirata vacilón llamado Han Solo con un felpudo de tamaño industrial como amigo que… etc., sabemos que los diseñadores de la estación, que también manda huevos, han dejado un agujero que va directamente y sin escalas al mismito núcleo generador de energía de la Estrella. O sea, que un pepinazo en el sitio justo, y angelitos al cielo. Aunque para que los diseñadores no pierdan futuras contratas con el Imperio, hay que decir en su defensa que, no pudiendo colocar en el agujero ni una mísera rejilla, quizá por problemas presupuestarios, quizá por cuestiones técnicas excesivamente complicadas como para que los plebeyos podamos entenderlas, colocaron el susodicho agujero al final de un largo pasillo bien protegido por un montón de torretas láser de las gordas. Además, tampoco nos pongamos chulos, acertar en el agujerillo dichoso tampoco es tan fácil, que en el Lawrence Holland’s X-Wing más de uno tuvo que probar veinte veces antes de conseguirlo.

Bien, llegados a este punto tenemos a la mayor parte de los grupos de Alas-X e Alas-Y distrayendo a los TIEs por ahí arriba, así que valor y al toro, tres cazas entran en el pasillo, y hacia el agujero a toda mecha. Lamentablemente, Darth Vader in person se ha puesto a los mandos de su TIE especial (el único con hipersalto, a los jefazos siempre de lo bueno lo mejor), así que se cepilla al primer grupo de ataque. Bueno, en realidad uno llega a disparar sus torpedos, pero falla, claro. Sin embargo, gracias a la intervención en el último momento del amigo Han, nuestro héroe consigue, sin necesidad de utilizar computadoras de objetivos ni zarandajas, colar dos torpedos de protones en el mismo centro de la diana. Venga, ya está, retirada a toda leche, la Estrella se desintegra, el Emperador se cabrea, la Alianza vence, y nuestros héroes reciben un medalla por su trabajo, con las excepciones sospechosas de los robots protagonistas y la aún más sospechosa del amigo Chewwie en lo que parece una maniobra racista de primer grado.

Chupado ¿no?