Palabrita del niño jesús que el título del artículo de la no anunciada segunda época de este humilde blog no busca la saturación de visitas de salidos/as en general ni nada que se le parezca. En realidad, es casi una forma de pataleo más bien poco sutil ante la proliferación de un absurdo producto médico-cosmético que en contra de mis predicciones ha debido resultar un éxito porque ya le ha salido competencia: una aplicación con la que combatir el herpes labial.

No voy a recurrir de nuevo a la consabida crítica de que, habiendo cáncer y sida y tuberculosis en el mundo, los laboratorios farmacéuticos se gasten la mayor parte de su presupuesto en I+D en combatir una nimiedad como esa, aunque en realidad lo esté pensando. A fin de cuentas, en principio es una enfermedad como otra cualquiera, más inicua que un catarro, pero que también debe ser combatida. Lo que me molesta soberanamente, y de ahí el título del presente artículo, es la forma de publicitarlo.

Porque no se trata de decir, simplemente, que se trata de un producto que combate la afección etc., punto y se acabó. Algún genio ha decidido que así no se venden estas cosas, así que como siempre apuntan hacia los bajos instintos, ahí tenemos a esa rubia contentísima porque su machote se va a presentar de un momento a otro (y no, no precisamente para tomar el té, sino para lo que estáis pensando), cuando... oh, maldición funesta, la rubia se da cuenta de que el herpes le ha creado una heridita de ná en el labio, pero como esto se contagia a base de morreo, pues la hemos fastidiado: ya no le puedo [insértese aquí el título del artículo]. Y claro, hasta ahí podíamos llegar. Una cosa es que no tenga conversación y la cabeza hueca, y otra muy distinta que tenga que ponerme una bolsa de papel en la cabeza porque me ha salido un herpes en el labio.

En un principio no dije nada, solo lo añadí mentalmente a la cada vez más numerosa sarta de gilipolleces que se venden en las farmacias para que estés perfecto/a, como colirios para que tus ojos estén blancos o pomadas para que el roce de los zapatos no te estropee la piel de los talones. Ejemplos verídicos, por cierto: no podía ser de otra forma.
Pero es que en cuanto he visto anunciarse un producto similar por parte de la competencia, es cuando he alucinado pepinillos en vinagreta pasada de tres meses. Porque si hay competencia, es porque hay mercado, y si hay mercado, es que definitivamente nos hemos vuelto todos tontos y no nos hemos enterado. Como será la cosa que si se te ocurre criticarlo te van a dar hostias dialécticas hasta en el cielo de la boca... ay, qué mundo éste.