Hay que ver lo mucho que nos quieren, oiga. De forma a veces explícita, a veces algo más solapada, cada vez más compañías de todo tipo y color (desde entidades bancarias hasta empresas de nutrición pasando por vendedores de ropa interior o de material de papelería, da igual) declaran con entusiasmo digno del creador de la rueda lo mucho que les importamos. Así, de un tirón. Nos importas tú, nos dicen mirándonos a los ojos como si fueran nuestros benefactores personales. Nos importas tú, y cada vez que compras uno de nuestros productos, que sepas que lo hemos hecho para ti, porque nos importas demasiado como para arriesgarnos a que vagues por ahí utilizando productos de la malvada competencia. Que no me digan a mí que no es como para echar una lagrimita y todo.

Entenderá el amable lector que ante declaraciones como ésta resulte muy difícil decir algo negativo, salvo que uno sea malvado cual un Fu-Man-Chu de extrarradio cualquiera. Dudar de la irreprochable honestidad del eslógan hoy comentado sólo puede estar al alcance de ratas del desierto como el que suscribe. Sospechar, aunque sea de soslayo y por deformación profesional que cuando nos están diciendo que "nos importas tú" no se están refiriendo a nosotros sino a sus amados y casi siempre acaudalados accionistas, es una bajeza moral digna de este blog. Pensar que de forma tangencial ese "nos importas tú" se está refiriendo al contenido de nuestras carteras es una infamia que los anunciantes en cuestión, probos benefactores de la humanidad, no se merecen de ninguna forma. Porque nadie puede dudar que una empresa ha sido fundada y funciona con la precisión de un reloj suizo para ofrecerte tu merecido bienestar, porque no por nada nos importas tú. Pretender que por el contrario la susodicha empresa se ha puesto en marcha con el único propósito de ganar dinero y que honestamente tú nos importas un rábano porque de ti exclusivamente queremos que te portes como un consumidor responsable que nos haga caso y se gaste su dinero con nosotros, es una falacia que no merece la pena discutir.

Pero aún así, a riesgo de volver a pasar como el eterno pesado que en todas partes ve conspiraciones y tejemanejes varios, debo decir que no me lo creo. Lo siento, pero no. Ya sé que suena bonito, responsable, elegante y conciliador. Sé que decir la verdad, en estos casos, resultaría un tanto chocante (queremos que consumas nuestros productos porque queremos hacer dinero gracias a ti), y que uno no puede ir por la vida enarbolando la honesta valentía de decir que tampoco es que vayamos a envenenarte ni nada, pero de ahí a que nos importes hay un buen trecho. Y aunque yo lo preferiría mil veces (pocas cosas me molestan tanto como que alguien me tome por bobo) y creo que a mucha gente también, supongo que tampoco es cosa de ser tan riguroso en las verdades cuando uno lo que quiere es vender su producto. Pero reconozco que no me importaría que desapareciera ese colegueo tan molesto y tan directo. Ese simpático "cuánto nos importas, amigo" más falso que el beso de Judas.