Se comenta en la calle con la aprensión de quien espera la próxima llegada de las siete plagas desde el cielo. En todas partes es tema de conversación en voz baja y temerosa. La gente mira a su alrededor con miedo, esperando el golpe de gracia que inevitablemente ha de llegar de alguna parte. Se multiplican las peticiones para efectuar testamentos, y algunos desalmados están vendiendo pólizas de seguros de vida, inasequibles al desaliento. En todas partes reina un fatalismo silencioso, culpable.
Sí, amigos. Espero por vuestro bien que hayáis hecho las paces con quienes os rodean, y que os toméis el desenlace de la humanidad tal y como la conocemos con el pragmatismo de quien se imaginaba algo parecido pero no se había atrevido a comentarlo en voz alta. En cualquier caso, y parafraseando a Caronte (total, todo el mundo lo hace), abandonad toda esperanza.
Parece ser, y por ciertas reacciones asombradas uno pensaría que nunca se lo habían imaginado siquiera, que la conocida marca cosmética hace trampas cual trilero en la plaza mayor. Para publicitar sus productos de belleza para las pestañas, resulta que contratan a modelos (y, como no podía ser de otra forma y para terminar de demostrar que en este país somos gafes, todo se ha destapado cuando han contado con Penélope Cruz) que, mira tú por dónde, resulta que en realidad no tienen esas curiosas pestañas kilométricas que uno veía en los anuncios pero que nunca alcanzaba a vislumbrar en la calle. Pues claro, melón: porque no existían. Ahora se ha sabido que para vender el producto en cuestión, L'Oreal utilizaba el viejo truco de las pestañas postizas. Tamaña desvergüenza eclipsa, como uno puede ver, cualquier cuestión de actualidad que uno pueda querer comentar con un mínimo de sosiego.
Y, como no podía ser de otra forma, se ha armado un revuelo de tres pares de cojones. Hay quien se ha desgarrado las vestiduras públicamente y a lo vivo, quien ha organizado quemas públicas de los productos y de todos los dvds de Todo sobre mi madre (intuyo que ésto último más que nada por aprovechar la coyuntura), y quien ha dejado de comer ante la próxima llegada del fin de la humanidad. Sí, porque si uno se fija mayormente en el pollo que se ha armado con una noticia aparentemente tan tonta e insustancial, en la de ríos de tinta que ya se han vertido (de la buena y de la virtual), en la cantidad de entradas de blogs sin mejores cosas que hacer para comentar la noticia (no es este el caso, por supuesto, aquí sólo criticamos por deporte), a uno no le queda más remedio que aceptar que sí, que todo parecía una coña, pero que esto se ha acabado, señores. El último que apague la luz.
Mira que somos exagerados, coño.

30 jul 2007 | 08:48 PM
la verdad es que parece como si la sociedad nos aburrieramos muchisimo...
Parece sorprendente que una noticia asi haya salido tambien en telediarios,como noticia curiosa,pero noticia al fin y al cabo...
Flipante....
Un abrazo enorme.