Este es un tema recurrente y no especialmente original, pero es que hoy me he levantado cansino. Además, no siempre puede uno tener el mismo tope de calidad literaria a la que os tengo acostumbrados. Bueno, sí, porque no me causa ningún esfuerzo, yo soy así, para envidia de quienes me rodean. Lo que pasa es que hoy no quería esforzarme mucho. Decía, que tengo la impresión de que tanto mirarme al espejo me ha atontado un poco, que aunque se trate de un tema recurrente porque quien más quien menos todo el mundo lo ha pensado alguna vez, nunca está de más volver a comentarlo en un rato perdido.

Nunca falla. Es que es ponerse a querer vender una bayeta atrapapolvo ó un limpiador en spray, y ahí tenemos a la mozuela de turno, con este tipazo prototípico de las supuestas mujeres de hoy en día, intentando eliminar mediante el producto a anunciar una cantidad de polvo que, incluso viviendo a la vera de un desierto y con la manía de no cerrar las ventanas, no parece posible que se pueda acumular en tan poco tiempo. De hecho, uno se plantea que las vigas de carga de la edificación probablemente sujeten más peso en polvo que en hormigón, hay que ver. Y claro, cuando entonces se utiliza el producto y se pasa la bayeta y se ve el rastro resplandeciente que deja, en claro contraste con toda la porquería de alrededor, uno no puede menos de convencerse que el producto en cuestión debería alcanzar la categoría de milagroso si es que aún quedase un poquito de justicia en este mundo dejado de la mano de Dios.

Si le preguntáramos al teórico que diseña los anuncios de productos de limpieza para, nos contestaría, mirándonos como si fuéramos tontos, que la razón para que en dichos anuncios las distintas estancias de la vivienda ejemplo parezcan no haber sido limpiadas desde los albores de la invención de la escoba, es por una cuestión de contraste. Obviamente, nos dirá, sin darse cuenta de que se lo preguntamos únicamente por putearle un rato, si las estancias estuvieran razonablemente limpias no se apreciaría en toda su majestuosa gloria el poder limpiador del producto anunciado. Cómo si no, glosará con entusiasmo digno de una mejor causa, podríamos mostrar cómo una pasada de bayeta convenientemente empapada de producto logra erradicar la suciedad, ofrecer un brillo de concurso, y de paso erradicar a cualquier microbio que hubiera tenido la pésima idea de pasar por allí.

Puedo aceptar dicha teoría. Vale que si no se aprecia bien el resultado, el mensaje no cale con tanta profundidad. Pero es que en esos anuncios se ven baños que le dan sopas con honda al “peor aseo de Escocia” que aparecía en Trainspotting, hombre, un poquito de comedimiento por lo menos a la hora de comer, no? O esos salones decorados con exquisito gusto pero que se asemejan a una película del oeste, con una cantidad de polvo encima de una mesa tal que uno espera la inevitable bola dando vueltas.

En resumen, que aunque la exageración sea quizá necesaria, sigue siendo una exageración. Y a mí me hace gracia, hombre.