Este anuncio es viejo, como se puede suponer al verlo por su grafía, estilo y colorido, pero es uno de mis favoritos. Es bastante menos obvio que otros con los que nos hemos reído en artículos anteriores, y no utiliza lugares comunes (sexo, vamos) para lanzar el mensaje subliminal. A ver qué os parece:

¿Nada raro? Pensad por un momento en lo que se está anunciando: tabaco. Todo aquello que esté de más con respecto al producto anunciado es por definición sospechoso.

Exacto: el puente. Lógicamente, hay que buscar una excusa para que aparezca, así que como modelos para el anuncio ponemos a dos trabajadores de la construcción, y así ya todo parece lógico.
Pues no. Puede parecer una ingenuidad y una tontería, pero los mensajes ofrecidos a partir de imágenes son viejos y bien conocidos (recuérdese el típico ejemplo del tren entrando en el túnel que se inventó Hitchock, que era un genio, el condenado). Y en este caso, el puente es un elemento simbólico que trabaja de una forma clara: mediante el acto de compartir un pitillo, se tiende y se refuerza un acto de amistad. La pretensión del anuncio, es, pues, clara, y no es otra que reforzar cualquier tipo de valor positivo que se pueda contraponer a las connotaciones negativas del tabaco. Curioso, ¿cierto?