Estoy convencido de que algún neo-hippie espabilado y con mucho morro dijo un día a una selecta audiencia: existe una terapia milenaria, proveniente del misterioso Oriente, que obra maravillas en quienes la utilizan. Por suerte, yo he sido adoctrinado en ella, y he creído conveniente comenzar a presentar sus excelentes resultados entre mis compatriotas, previo pago de mis honorarios, por lo demás nada excesivos. Yo la denomino aromaterapia, y aunque para legos debería explicar que consiste en utilizar los aromas para sentirnos bien, mi consejero mercantil me ha dicho que diga que la aromaterapia actúa sobre los planos sutiles, por ello puede ser utilizada como terapia vibracional, también ayuda a la meditación, visualizaciones, concentración, afirmaciones y a todas aquellas técnicas destinadas a buscar el equilibrio y armonía interior (en cursiva una frase real encontrada al azar en Internet, para que no penséis que estoy de coña ni nada).
Lo asombroso de una gilipollez de tal calibre es que caló entre el populacho. Sobre todo muchas féminas, que consideran auto de fe cualquier tontería en negro sobre blanco en las revistas que suelen ojear para mejorar su nivel de vida interior, leyeron los publireportajes que a nuestro neo-hippie le hicieron en demostración palpable de que era un tipo con suerte, y les llamó la atención eso de sentirse felices porque las velas que utilizaban no olieran a cera de la de toda la vida, sino a aromas de la campiña francesa. Y desde ese momento, jodidos todos.
Las marcas publicitarias, que no son tontas precisamente, tardaron apenas nada en darse cuenta del nuevo filón. Con la ya más que conocida facilidad de todo quisqui en este país nuestro que tanto nos hace reír para aprovechar los chollos cuando llegan, se pusieron manos a la obra sin pensárselo dos veces. Y hete aquí que gracias a ello tenemos hoy la inmensa suerte de disfrutar de docenas de productos que aprovechan las más que probadas y milagrosas cualidades de la aromaterapia (va, para qué nos vamos a andar con tonterías y aproximaciones, digamos las cosas tal y como son, qué demonios), tales como ambientadores de todo tipo y condición, jabones ya sean en dosificador o de los de toda la vida, detergentes con y sin componentes exclusivos e inteligentes de los que diferencian tipos de suciedad, suavizantes para la ropa, cosméticos con tan excelso valor añadido, sales y champús y lociones y cremas en general, velas aromatizadas para dar ambientillo, perfumes e inciensos varios, tés y manzanillas y poleos con toques orientales, insecticidas de los de matar bichos de toda la vida pero ahora con perfumes escogidos, y muchos etcéteras más. Todo un mundo a tu alcance, vamos.
Así que tranquilos, podéis seguir dándoos a la mala vida: gracias a los productos aromaterápicos que nos rodean desde que nos levantamos hasta que nos tiramos de nuevo en la cama al finalizar el día, vamos a vivir por siempre jamás y con salud de roble ibérico y pata negra.

Parodiando este anuncio la Xunta de Galicia promocionando el marisco gallego nos invita a practicar la "mejillónterapia".