No sé. Supongo que si te sientas a pensar, con un poco de esfuerzo alguna idea te saldrá. No es fácil, porque publicitar una triste pluma, por mucho que sea un artículo de señores de alta alcurnia y escritores de fama, no debe ser fácil. Y, a fin de cuentas, el primer mandamiento de la publicidad es el de siempre: el sexo vende. Así que para qué nos vamos a calentar mucho la cabeza, cogemos a un maromo y a una tía buena, los ponemos bien juntitos a los dos, añadimos algún claroscuro de la escuela "subliminal para torpes", de forma que nuestra malévola mente se imagine cosas que no están pasando (esas caritas, la posición de esas piernas, esas manos que no se ven, esas sombras que sugieren cosas que no deberían estar ahí a la altura de ciertas bisectrices, etc.), et voilà, ya tenemos el anuncio: