Pues sí. Como somos modernos, dinámicos y europeos, ya no debemos limitarnos a lo que, en otro contexto, podrían parecer pequeñeces. Y como hoy me he levantado con una extraña ansia de hacer demagogia por el morro al estilo de ciertos comentaristas televisivos, radiofónicos y de medios escritos de este país tan cómico nuestro, pues allá que voy.
La cosa es que hoy en día, en nuestro pequeño mundo perfecto, resulta una palpable vulgaridad, aún diría más, una inconsciencia que podría pasar por criminal si los jueces se dedicaran a estas cosas en lugar de perder su tiempo en redadas anti-droga y demandas de divorcios, alimentar a nuestros animales con comida normal y corriente, vamos, lo justo y necesario para que estén alimentados. No. Ahora lo que se lleva, y esa es una muestra de lo buenos que somos, es preocuparnos de su salud, proveyéndoles de alimentos vitaminados para que corran y salten como campeones, y para que luzcan sanotes de forma que seamos la envidia de nuestros vecinos de urbanización con jardín y piscina. Nuestra calidad de vida exige que nuestras mascotas sean como nosotros, maravillosas y perfectas, sanas, felices, y hermosas a la vista. Y para ello, aquí tenemos estos alimentos testados cuidadosamente tras arduas investigaciones de laboratorio, que por ello resultan más caros, pero eso son minucias cuando estamos hablando de la salud y aspecto de nuestro querido animal, por supuesto.
No quiero que se me malinterprete. Considero que el buen o mal trato hacia un animal denota la calidad humana de una persona infinitamente mejor que cualquier sesudo test psiquiátrico. Y seguramente que haya por ahí personas que a la hora de comprar productos para sus animales, lo hacen pensando en que así los están cuidando mejor. Pero, y aquí entra mi natural pesimismo hacia el hedonismo que atonta la actual civilización occidental, estoy seguro de que, en la mayor parte de los casos, nada hay de esa loable forma de proceder. Por el contrario, es el ansia de presumir, de ser mejor que los demás incluso hasta en el brillo del pelaje de su perro, lo que motiva gastarse una pasta en comida “gourmet” (que ya tiene cojones) para sus animales. En demasiadas ocasiones, se trata del mismo tipo de persona que tuerce el morro cuando alguien se le acerca por la calle pidiendo un óbolo para los afectados por una catástrofe. A él que no le vengan con esos problemas, que no puede hacer nada para resolverlos (aunque lo haría si pudiera), se dice mientras pone la calefacción en su casa a unos confortables 22 grados, enciende su televisión de plasma de 41 pulgadas y veintiséis mil euros, y con un abrelatas eléctrico último grito comprado en el Ikea abre una lata de comida para gatos marca ChupiGuay con un montón de vitaminas, proteínas y un toque de soja para dar sabor y aportar fibra, para que su animalito también disfrute de la maravillosa vida de su dueño como mandan los cánones.

Como si fuera poco, fíjese usté, contamos con una gran variedad de estos alimentos. Los hay para cachorros y perros ancianos, para adelgazar gatitos obesos que quieren tener buena figura, para que cante más lindo el canario, o para que su spaniel luzca perfectamente sedoso. Lo más gracioso es cuando las publicidades nos hacen notar -traduciendo el ladrido de reclamo de nuestro mejor amigo- que él prefiere ChupyGuau (o la que sea). Es tan adorable su carita al solicitar dicho alimento, que es imposible resistirse, no le parece?
Salutes
Pues por esa razon yo a mi gato le doy la comida del Carrefour que es más barata y está bien gordo y lozano. Y, curiosamente cuando le compre whiskas porque no habia otra, cogió una diarrea de la hostia.