El destino de la humanidad me preocupa bastante más de lo que puedo explicar sólo con palabras. Resulta aterrador que el fin del mundo esté ahí, a la vuelta de la esquina, y no parezca que nadie se haya dado cuenta. A este paso, no va a hacer falta que en el 2036 un pedrusco nos caiga del cielo y nos añada a los dinosaurios, al dodo y a las folclóricas en la lista de especies extintas, porque mucho antes se nos habrá acabado el chollo.

El prolegómeno viene a cuento de que últimamente me estoy dando cuenta de la cantidad de spam (correo publicitario, vulgo correo basura) que inunda todas mis cuentas de correo, ofreciéndome, casi diría que de forma suplicante, conscientes de lo que nos va en ello, pastillitas de esas que se supone te convierten en un supermán celtibérico y un tigre de bengala a la hora de las cosas del querer (mira, mamá, un eufemismo, y lo he hecho yo solo).

Al principio, la cosa me mosqueaba un huevo. Uno no puede ir por la vida presumiendo de machote (ergo, mintiendo más que habla) si todos los días tiene entre veinte y treinta ofertas del medicamento en cuestión esperando en cada uno de sus buzones virtuales. Por mucho que te hagas el tonto y digas que a ti que te registren, la gente habla, y en cuanto se enteran de la cantidad de ofertas que recibes de la dichosa pastillita, toda tu fachada cuidadosamente montada a base de fantasmadas y exageraciones se resquebraja en un suspiro. Y claro, ya ves tú qué gracia.

Sin embargo, después de mucho meditar la cuestión, me he dado cuenta de que en realidad toda este gente que pierden su tiempo y la potencia de sus ordenadores en envíos masivos de viagra-spam a mis cuentas no son unos pesaditos, sino unos nada ponderados bienhechores de la humanidad, la misma que va a desaparecer si no nos espabilamos pero ya. Porque lo que está pasando, y a ver si las cosas se empiezan a decir claritas, es que sin la inestimable ayuda de la viagra aquí nadie cumple, y nada de risitas flojas, que éste es un asunto muy serio. Si aquí nadie cumple, no se procrea (aunque sea de rebote y utilizando la vieja excusa de que yo me lo puse bien, oiga), y si no se procrea, se acaba la raza humana. Así de sencillo, cabezas huecas, que no os dais cuenta de la gravedad de la situación, por aquello de pensar en lo que no tenéis que pensar a la hora de iniciar maniobras orquestales en la oscuridad.

De ahí que el bombardeo masivo al que estamos expuestos en nuestros cíber-correos no sea una maniobra publicitaria tan burda como la de los promocionales de Antena 3, no. Por el contrario, se trata de un intento desesperado a nivel mundial para salvar la especie, antes de que sea demasiado tarde. Y si tiene que ser a base de polvos (y con la inestimable ayuda de la milagrosa pastillita in question, si es menester), pues tendrá que ser a base de polvos. Es un trabajo sucio, pero alguien tiene que hacerlo. ¿Voluntarios?