En algunos casos, la culpa de todo la tiene la naturaleza humana. Cuando menos, la naturaleza de quienes poblamos la parte próspera del hemisferio occidental y que hemos sido educados por la sociedad en valores huecos y perversamente hedonistas. Pero aún así, aunque podamos culparnos a nosotros mismos, no deja de ser criticable la utilización publicitaria de nuestras propias deficiencias.

Como ya supondrá el amable lector, no puede ser casual la repentina y masiva aparición de “entidades” dedicadas a dos actuaciones económicas, que, por su proliferación, hacen pensar que se está ante un gran negocio. Una de ellas, la primera en aparecer, consiste en el préstamo de pequeñas cantidades de dinero, sin papeleos ni avales, y a un tipo de interés que roza la ilegalidad. La otra, más reciente, se dedica a la reunificación de letras y recibos mensuales, para “pagar menos al mes”, de la que hablaremos en el siguiente artículo.

Te lo pintan bien bonito, la verdad. La publicidad aprovecha nuestros puntos flacos, ese sentimiento cuasi-universal de querer parecernos no a un premio Nobel sino a uno esos playboys y putones verbeneros de la noche ibicenca que salen por la televisión tras confesar sin pruebas haberse acostado con el cantante/la actriz del momento, como eficaz punta de lanza para comenzar a vivir del cuento. Si la Preysler puede, tú también, dejan caer en estos anuncios. Solicítanos hasta 6.000 €, y sin papeleos ni zarandajas los ponemos en tu cuenta en 24 horas, para que puedas darte esos caprichitos que bien te mereces, hermosota, portento, que un día es un día, hombre, y aquí estamos para ayudar cuando hace falta. Vete de vacaciones, píllate un crucero, cómprate un coche bien grande con el que puedas fardar, pasea por Marbella saludando de tú a tú a los jeques árabes, págate, en resumen, esa vida de rico y famoso que está ahora a tu alcance y a la que también tienes derecho.

Lo malo, claro está, es lo que viene después. Porque aunque tú tengas de ti mismo la idea de que eres prácticamente perfecto y un genio en potencia, lo cierto es que la entidad crediticia que tanto te ha animado con su publicidad a que les llames para darte pasta no lo ha hecho por tu cara bonita o porque se trate de un nuevo género de mecenas particular tuyo. Qué va. Lo han hecho por la pasta, machote. Así que empieza a echar números, porque de cada 6.000 € que te hemos prestado para que te creas el príncipe heredero de Sildavia, nos debes los 6.000 € y un pequeño plus, denominado interés, tan irrisorio como el 22% T.A.E., porcentaje que algunos exagerados que por el mundo pululan denominan como usura, pero tú y yo sabemos cuánto cantamañanas con ansias de fastidiarte pululan a tu alrededor. Además, los pagos son en cómodos plazos, que Dios aprieta pero no ahoga. Y no hacemos como en las películas, enviando a sicarios para que te rompan las piernas si no cotizas: nos limitamos a embargarte, que para estas cosas hay que reconocer que la justicia en este país va de cine. Ahora, sólo tienes que llamar a nuestra filial de reunificación de créditos, y verás cómo la cosa no es para tanto…
(continúa en el capítulo siguiente).