A estas alturas de la película, a nuestro querido fotógrafo o bien definitivamente ya le daba todo igual, o bien hasta le empezaba a hacer gracia semejante despropósito, así que si hasta entonces había sido más bien poco sutil (véanse los dos ejemplos anteriores: subliminal 3 y subliminal 4), aquí ya se lió la manta y se dijo qué coño, de perdidos al río, obteniéndose el sonrojante e hilarante resultado: