Lo habían intentado varias veces, y de múltiples maneras. Algunas, más sutiles; otras, más a lo burro. Pero no lo habían conseguido. Por más vueltas que le daban, no había forma. A las usuarias habituales de cosméticos no hacía falta convencerlas, puesto que eran clientes fijas de esas que valen un Potosí para cualquier marca comercial. Pero las que se mostraban más reacias a dejarse una cantidad de su sueldo mensual bastante escandalosa en todos aquellos productos, no había forma de hacerlas entrar en razón. Seréis más bellas, argumentaban los anunciantes. No tenemos por qué serlo para ser respetadas como personas, contestaban ellas. Seréis la envidia de vuestras amigas, clamaban de nuevo los anunciantes, utilizando un argumento tan ruin como probadamente efectivo en ciertos y lamentables casos. Dudo mucho que quiera tener amigas a las que quiera hacer envidiar, reponían ellas de inmediato. Os sentiréis admiradas, seréis mejor valoradas, obtendréis éxito, seréis felices, clamaban de forma casi desesperada los susodichos. Pues si no podemos cambiar ese mundo, mal camino llevamos, afirmaban ellas con todo convencimiento.

Y entonces, cuando ya estaban a punto de rendirse, a alguien se le encendió la luz. Pero claro, maldita sea, cómo no se nos ocurrió antes. Ahora resulta que la gente se considera capaz de pensar por sí misma, y los viejos argumentos ya no calan como antes. Pero siguen teniendo un talón de Aquiles: la salud. Por ahí tenemos que atacar.
Y, efectivamente, por ahí atacaron, y por ahí siguen, supongo que porque de momento funciona. El planteamiento más moderno y actual de la cuestión es el siguiente: no es que tengas que usar cremas, polvos ó potingues para resultar más bella porque sí; sabemos que eso os ofende como personas que sois. Pero, claro, las cosas como son, para qué vamos a engañarnos, yo no quería destacarlo pero no me queda otro remedio, el caso es que, bueno, como lo diría, a ver si me sale… si tu piel no está libre de granos, es que tu salud no es buena. Si tu piel no está tersa como la sábana de una cama en un cuartel de la Legión, eso no puede sino significar que no estás sana. Si tu piel tiene manchas, imperfecciones, algún punto negro, brillos, y sobre todo arrugas, no puedes dudarlo: es altamente probable que tengas algún tipo de enfermedad. Por ello, nada mejor que utilizar nuestros productos altamente eficaces, que te ofrecen belleza, pero bueno, sólo como agradable efecto secundario. Lo importante, lo realmente importante, es que te devuelven la salud, esa salud perdida porque todos sabemos que el paso de los años y sus estragos en tu piel no son un efecto natural, qué va, que no te engañen, son los síntomas de una preocupante falta de salud que vamos a empezar a tratar de inmediato.

Es preocupante pensar no ya que se lancen este tipo de falsos mensajes, sino que en realidad puedan llegar a calar. Porque sería terrible que llegáramos a convencernos de que el paso de los años es una enfermedad, y de que para evitarlo sólo es necesario un gasto considerable en productos de belleza que, y no por casualidad, se venden en farmacias.