La publicidad de tabaco tiene el récord mundial en la utilización de subrepticias técnicas subliminales para llamar la atención del posible consumidor. Una de las más conocidas (en su momento se habló mucho de ella) corresponde a la del cowboy americano que debía llevar un conejo en el bolsillo ó alegrarse mucho de vernos:

Y eso que por aquellos años no existía el photoshop, así que imaginaros el cuadro:

-Vamos a ver, John: ¿no te dije que te abstuvieras de refocilarte durante dos semanas?
-Sí, pero comprenderá que con esta planta me sobran ocasiones, y claro…
-Ni claro, ni hostias. Menuda profesionalidad la tuya, coño, si ahí abajo no abulta nada de nada.
-Pues lo siento, pero es que ayer estuve firmando unos autógrafos, una cosa llevó a la otra y…
-Si pretendes darme pena, lo llevas claro. A ver, ábrete de piernas y comienza a meterte papel higiénico en la bisectriz. Venga, con un poco de entusiasmo.
-No sé, esto no acaba de convencerme.
-Claro, porque no se trata de que parezca que tienes una hinchazón en una de las pelotas, déjame…
-¡Oye, quita las zarpas de ahí!
-Deja de protestar, leche. Si te hubieras estado tranquilito estos días, ahora no tendríamos que estar aquí haciendo el ganso. A ver, el fotógrafo: ¿cómo lo ves?
-Parece un senegalés en celo.
-Perfecto. Si es que soy un artista, ya me lo decía mi profesora de manualidades de quinto curso.
-Pero, ¿”esto” no es un poco exagerado?
-“Esto” es publicidad subliminal, coño, que os lo tengo que explicar todo. Ahora, quietecito, pon cara de machote, ese pitillo un poco hacia un lado, ábrete un poco de piernas para que todo el mundo vea que el tabaco no sólo no produce impotencia sino que te convierte en el puñetero rey del mundo, a ver, no te muevas que estropeamos al efecto, quieto, quieto… ¡Foto! Perfecto, a positivar, y a casita que llueve. La semana que viene tenemos que hacer la nueva temporada, así que ya te me estás poniendo a régimen de bromuro desde ya, a ver si dentro de unos cuantos días estás que revientas y nos ahorramos los toqueteos.