Esta vez hemos tenido suerte, aunque le ha andado cerca. Sin embargo, gracias a los desvelos de los responsables de la pasarela Cibeles, la sangre no ha llegado al río. Pero tendremos que seguir atentos, porque seguramente es cuestión de tiempo que las nuevas émulas del Dr. No vuelvan a intentar llevar a cabo su maléfico plan utilizando algún otro enrevesado sistema como el descubierto por nuestros despiertos poderes públicos.
Parece ser, y sólo ahora lo hemos sabido, que esas chiquillas tan enfermizamente delgadas gracias a un método tan sencillo que a cualquier tarado se le hubiera ocurrido si se hubiera sentado a pensarlo durante unos minutos (a saber, dejar de comer), habían formado una especie de grupo secreto, a lo masón pero con tías buenas, con el fin de lograr su objetivo principal: hacer creer a la sociedad que sus medidas imposibles eran el cánon aceptado hoy en día por todo el mundo. Para ello, nada mejor que lucir sus endebles cuerpos en las pasarelas de moda del mundo entero, plataforma publicitaria de primer orden donde las haya. Sin embargo, las fuerzas vivas del país lograron reaccionar a tiempo, impidiendo la entrada de las malvadas muertas de hambre por gusto en la Cibeles, previa medición de la masa corporal por parte de especialistas en estas cosas tan curiosas de un mundo en el que un millón de niños mueren al día por no tener nada que comer, para evitar que siguieran contaminando al mundo con sus depravadas ideas acerca de cómo debe ser, físicamente hablando, una mujer de hoy en día, siempre y cuando viva en el hemisferio occidental y se pueda gastar una media de 4.500 € mensuales en ropaje y complementos varios.
Por supuesto, tal y como este cronista ha podido constatar, los diseñadores de moda han lanzado un suspiro de evidente alivio al conocer la noticia. Ellos y ellas, que son, como todo el mundo sabe, artistas comparables a los más grandes de todos los tiempos, como Miguel Angel ó Picasso, habían estado durante demasiado tiempo esclavizados por las tiránicas pretensiones de las modelos, que llegaban a no ingerir ningún alimento sólido durante la semana previa a un desfile para que sus cuerpos casi invisibles estropearan sus maravillosos ropajes cuya confección tanto trabajo supone en los talleres ilegales de media Asia. De hecho, declaraciones como las de Lagerfeld y otros compañeros, abundando en la idea de que ellos, literalmente, no visten a gordas, parece que no ha sido sino un último y patético intento desinformativo por parte de la conspiración judeo-masónica-modelista, ya que como todo el mundo sabe y puede comprobar, los tallajes de las prendas de estos genios de la cultura de los siglos XX, XXI y probablemente XXII, van desde la talla 38 hasta la 54, ya que ellos en ningún caso han pensado nunca que tallas inferiores a la 36 supongan una deshonra artística que en ningún caso pueden tolerar y que el/la que quiera vestirse de cualquier manera que se pase por el mercadillo y no dé el coñazo.
Por otro lado, las reacciones negativas de otras pasarelas internacionales se están interpretando como producto de la envidia provocada por el hecho de haber sido, en la Cibeles (en España, ya ves tú), adelantados en la defenestración de esta peligrosa conjura por parte de las modelos en este país nuestro, y no en templos de la moda como París ó Nueva York. Porque, nos comentan por aquí, una vez que nosotros hemos actuado, el resto caerá como fruta madura. Las modelos desaparecerán del mapa, y la moda podrá por fin liberarse de sus cadenas y dedicarse a lo que siempre han hecho, que no es el vestir a mujeres a todas luces irreales (algo que ellos nunca han hecho ni harán), sino el seguir creando arte como sólo ellos son capaces, mientras visten a las mujeres que incomprensiblemente hasta hoy eran vetadas debido a la ya probada y desenmascarada conspiración mundial de las modelos de pasarela, como ellas merecen y sólo ellos saben, convirtiéndose así en los benefactores de la humanidad a la par que artistas respetados que siempre soñaron con ser.

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