Musicalmente hablando, siempre tuve fama de raro. Ahora, cuando todo el mundo considera normal la integración de la electrónica en el rock, he perdido parte de mi leyenda de "maldito", pero en los últimos ochenta y primeros noventa, era, sin duda, el más raro entre los bichos raros por antonomasia del grupo. En parte, adquirí ese honor que tanto me gustaba (intentaban ser despreciativos y sólo conseguían que yo me enorgulleciera aún más de mis gustos tan especiales), gracias a la gran Laurie Anderson.
Han pasado más de veinte años, y sin embargo este tema me sigue hipnotizando tanto, incluso puede que más, que cuando lo descubrí gracias a otro bicho raro que pinchaba en una emisora local y al que nunca le pude agradecer personalmente los descubrimientos musicales que hice gracias a su programa. Quizá por ello ahora tenga la misma ilusión al pensar que gracias a este interludio tal vez una alguien descubra una forma totalmente distinta de entender la música, una forma totalmente fascinante. Me daría por contento, la verdad:

Ya somos dos raros.