Una cosa me parece cierta: yo diría que esto de subliminal tiene más bien poco. En realidad, casi me atrevería a asegurar que el fotógrafo se había tomado unas cuantas copas de más, y ya me lo imagino en la playa, con la voz ronca y los ojos enrojecidos colocando a los modelos de la forma menos natural que imaginarse cabe, gritando a través de un megáfono para dar las instrucciones mientras lucha contra un dolor de cabeza martilleante y reniega de aquel encargo que a alguna cabecita pensante creyó sutil, para que aquello pareciera una bacanal romana muy poco disimulada:
Podéis jugar a algo así como el juego de las diferencias, contando cuántas de las posturitas tan normales y veraniegas y playeras son un poco, esto, “forzadas”, más que nada para que sugieran, inocentemente, claro está, que aquí no somos mal pensados, algo un poquito más “rebuscado”, no sé si me explico.
En fin…

A mí me mola.
Fuerza y honor.