Cuando contemplo uno cualquiera de los cientos de anuncios publicitarios de productos light con los que nos bombardean a diario, pienso que talmente parece que todos nos hemos vuelto gilipollas de repente, o que simplemente nos importa un comino que nos la metan doblada y sin despeinarse. Porque cuando algún iluminado pensó en el término “light” aplicado a los productos alimenticios, decidió que nos iban a mentir como condenados a muerte sin ningún atisbo de vergüenza, hasta tal punto que por saturación acabaríamos por creer en los milagros que (falsamente, como siempre) prometían en sus spots.
Recapitulemos, para el que no sabe o no quiere saber:
-Un alimento denominado light es aquel que contiene, legalmente, hasta un 30% menos de calorías que su correspondiente “normal”. Por lo tanto, aquel que piensa en la memez de que un producto light no engorda, será porque no sabe hacer operaciones matemáticas básicas. A lo sumo, el producto light engordará algo menos comparado con su homólogo no light, y punto pelota. Así que no te pongas histérico cuando después de comerte diez tabletas de chocolate light descubras que has engordado. ¿Qué pensabas, pardillo, que ibas a adelgazar? Pues no: significa que en vez de haberte metido en el cuerpo 5.000 calorías, te habrás metido 3.500.
Y, sin embargo, la publicidad parece habernos convencido de que no, de que alimentos “bajos en calorías” ó “sin azúcar” son el mágico clavo al que agarrarse para solucionar un problema de obsesidad. Parece habernos convencido de que un alimento light no engorda, ignorando la premisa básica de que cualquier cosa que se ingiere aporta calorías a nuestro organismo. Parece habernos convencido de que al anunciar un producto como “bajo en grasa” lo convierte en una panacea, aunque se les olvide decir que por regla general el eliminar parte de la grasa que contienen no impide que contengan tantas calorías como la versión normal. Parecen habernos convencido de que una alimentación “sana” pasa indefectiblemente por el consumo de los productos anunciados, más sanos por ser “light”, sin comentar que la mera reducción de azúcar ó grasa en un alimento no lo convierte, automáticamente, en más sano, puesto que únicamente limita una cierta cantidad de aporte calórico.
Pero como la publicidad sabe lo que hace, nos muestra a familias perfectas, un hombre y una mujer jóvenes, dinámicos, modernos, de hoy en día, felices hasta la naúsea, junto a sus supuestos hijos, tan guapos y sonrientes y educados y maravillosos, en casas de arquitectura sueca luminosas y limpias y perfectamente ordenadas, alimentados por productos light para mantenerse así, tan perfectos ellos con sus perfectas vidas en su perfecto mundo, para siempre, y haciéndonos pensar que, bueno, quizás nosotros, gentuza sin aspiraciones de ningún tipo, arrastrados de la vida, despojos de la sociedad, podamos, si nos lo proponemos desde el día de hoy y comenzamos a consumir productos “sanos” para que “nos cuidemos” y nos sintamos “con energía” y “saludables” y “felices” durante el resto de nuestras vidas, llegar a ser como ellos, y alcanzar una suerte de nirvana consistente en vivir en uno de esos mundos de anuncio que los puñeteros publicistas pretenden que es real y no un delirio del diseñador de Matrix.

10 oct 2006 | 05:44 PM
Ya lo dijo mi endocrino si te comes dos kilos de ensalada siguen siendo dos kilos
10 oct 2006 | 06:51 PM
Efectivamente, has resumido el tocho de artículo de forma inmejorable : )
13 oct 2008 | 09:57 PM
El artículo es magnífico. El problema es que esa publicidad que muestra engañosamente las familias puñeteramente perfectas que tú describes, es en gran medida la culpable de tanta gente con anorexia, no ya sólo jovencitas, sino madres, padres e hijos, y hasta abuelas.