Hay que ver cómo la piaban un montón de cantamañanas el año pasado a cuenta de la utilización de modelos como recogepelotas en el máster series de Madrid, aunque su principal labor (las cosas como son) fuera la de lucir palmito acompañando a la marca publicitaria de rigor en sus camisetas. Como no podía ser de otra forma, se montó la de dios. Es un escándalo inconcebible, clamaban algunos. Una utilización de la mujer totalmente intolerable, gritaban los más. Algunos, un poquito más comedidos, comentaban lo que podía ser más lógico, a saber, que las chicas no sabían recoger las pelotas. Digo yo que tampoco será tan difícil y que en todo caso podían aprender, pero bueno.

Ahora bien, no faltó quien cargó las tintas directamente sobre la discriminación sexista que aquella iniciativa significaba, sobre todo desde el mundillo de la política, tan aficionados ellos a arrimar el ascua a su sardina cuando les interesa. Por supuesto, hicieron caso omiso de las protestas de las modelos en cuestión, que con toda la lógica del mundo dijeron que ellas lo que quieren es trabajar, pero ya se sabe que en este país tan moderno nuestro siempre hay muchos alguien que saben mucho mejor que tú, dónde va a parar, lo que realmente te conviene. De entre todas las opiniones vertidas en su momento, me quedo con la de una secretaria de políticas de igualdad de la comunidad de Madrid, que apoyada por asociaciones feministas, dejó muy clarito que la utilización de las modelos sólo servía para “fomentar una clara visión discriminatoria de las mujeres, que aparecen como simples objetos de decoración y divertimento”.

Vale, nada tengo contra ello. Es más, lo secundo totalmente. No deberíamos permitir que una persona sea utilizada como objeto decorativo, incluso aunque vivamos en una sociedad que ofrece oportunidades laborales derivadas de la utilización como florero de modelos. Pero en ningún caso, claro, y no sólo cuando nos interesa.

Porque este año también tenemos modelos recogepelotas pero no ha pasado nada. Nadie ha protestado, nadie ha predicho que el fin del mundo está cerca, nadie se ha rasgado las vestiduras en el colmo de su indignación. ¿La razón? Porque tras mucho pensar, los organizadores han encontrado la solución perfecta, aquella que evita totalmente el uso discriminatorio de las mujeres: a saber, que también existan modelos masculinos.

Con dos cojones. O sea, que ahora ya no hay discriminación. Desde el momento en el que también hay hombres haciendo de anuncio móvil mientras intenta pillar las dichosas pelotitas, se acabó el sexismo y todas esas cosas que tanto escandalizaban.
Resulta que la que podríamos suponer clara discriminación entre personas, consistente en separar a la población en alfas, betas y gammas (como “En un mundo feliz”) es perfectamente asumible, aún diría más, totalmente natural. La distinción entre guapos y feos es incluso beneficiosa, porque nos acerca a los cánones exigidos por la sociedad. Por lo tanto, si utilizamos a floreros hombres junto con floreros mujeres, estamos acabando con la discriminación galopante ejemplificada en las modelos del master series. Mira tú que bien. Al menos, no hay mal que por bien no venga, ya no intentan vendernos milongas, y se quedan bien calladitos cuando se encuentran con discriminaciones sin ninguna importancia en lugar de intentar convencernos de que sus protestas tienen como finalidad cambiar el mundo para mejor.