Imagínese el cuadro el amable lector. Reunión de las altas esferas, a las tantas; mucho habano de importación, paseillo/competición de secretarias para ver cuál está más buena, lingotazos de malta de 17 años. Y todo este despliegue a causa de la disyuntiva de los carcas accionistas de la compañía telefónica norteamericana del anuncio que hoy tratamos porque algún tonto del haba vinculado al gobierno progresista que cuatro indocumentados han colocado con su voto en la poltrona presidencial les ha planteado todo ese rollo de la igualdad de oportunidades y de nuevas políticas no sexistas.
-La cosa está clara, señores. Se nos está exigiendo que cumplamos con la nueva política de igualdad de nuestro (permítanme que me carcajee) nuevo gobierno.
-¿Qué política de igualdad ni qué niño muerto? ¿Cómo demonios vamos a conseguir que cualquier hijo de vecino se fíe de una tía con una herramienta en la mano? Una tía con una herramienta en la mano, ahí es nada. El mundo definitivamente se va al garete.
-Pues tenemos un problema gordo. Ciertos activistas nos están tocando los huevos a base de bien con este rollo, así que algo tenemos que hacer. Debemos mantener la confianza de nuestros clientes, pero al mismo tiempo habrá que idear alguna cosa para torear a estos meapilas.
Y algo idearon, desde luego. Y, por una vez, me quito el sombrero ante la combinación de concepto y mala leche de la que el publicitario encargado hizo gala:

Aseguraría, sin temor a equivocarme, que éste es el único anuncio de la historia que tiene como protagonista a una modelo que no está injustificadamente buenísima. Y alguien podría pensar: pues ya era hora, si hay un ejemplo de publicidad no sexista, es éste.
Pues un cuerno. Analicemos los detalles.
-En primer lugar, llama la atención el hecho de esa falta de atractivo. Porque lo que se plantea, precisamente, es que si una mujer parece una mujer, no puede ser una buena trabajadora (no, al menos, de la compañía telefónica en cuestión). Así que para que los clientes (masculinos, se entiende, que al final son los que toman las decisiones y traen el dinero a casa, siempre de acuerdo con la mentalidad de la compañía en cuestión) se fíen de la mujer trabajadora, lo mejor es que no lo parezca mucho.
-Aún llama más la atención que, de todo en lo que la chica podría estar ocupada ahí arriba, encaramada al poste y con tanta herramienta, precisamente esté hablando por teléfono. Dejo al amable lector como tarea que busque posibles respuestas a esta “casualidad”.
-Por último, y a modo de detalle complementario, resulta curioso el “uniforme” de trabajo de la operaria en curso. Sin un mono como mandan los cánones, sin casco, guantes ó botas de seguridad… vamos, que si nos fiamos de las apariencias, la pobre muchacha tiene de técnico lo mismito que tiene de californiana (detalle “bonus” éste, y que aparece en el texto del anuncio. Imagínate a una californiana de 20 años, y después dime si te la habías imaginado como la que vemos).
Resumiendo: el caso es que aunque pudiera parecer que los progresistas muchachotes dueños de la AT&T realmente habían hecho caso del cuento ese de la igualdad con el que tanto les estaban dando la lata desde ciertos sectores que mejor deberían dedicarse a su cosas en lugar de molestar a las empresas serias, en el fondo, incluso en un anuncio que aparentemente publicitaba dicho concepto, los encargados del asunto lo tuvieron bien clarito desde el primer momento.