Publicidad:
La Coctelera

Categoría: Un poquito de publicidad subliminal

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Publicidad subliminal – 15. Esas manitas… (alternative version)

Pues que no, oiga. Que yo no me pongo en un sofá en esa posición ni para comer chololate ni para comer nada de comer. Y a mí no me venga con rollos pseudo artísticos de composiciones originales y otras mandangas. Que no somos tontos, coñe, que sabemos lo que estamos viendo:

Pues eso. Con la tonta excusa de que el chocolate es el sustituto del sexo, tontería que suelen repetir aquellos que comen mucho chocolate y practican poco sexo, nos ponemos a la faena y hacemos un guiño obvio, por aquello de que alguno lo mismo pica. El viejo truco de que la modelo se chupe los dedos está ya un poco visto, pero hay que reconocer que todavía funciona, porque como tenemos la mente calenturienta, pues... aunque para redondear la jugada, la muchacha tiene su manita derecha inocentemente colocada ahí donde estás pensando. De ahí a la idea placer=chocolatina, pues un paso. Una se come estas ricas chocolatinas, goza lo suyo con un placer similar al que siente ahí en ciertos casos... Ains, cómo son estos creativos. Y luego el marrano soy yo, no te fastidia.

Efecto subliminal bonus: No pensaréis que la utilización de palabras como “introducing”, “deep”, etc., en el texto del mensaje son así como casuales, ¿no?

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Publicidad subliminal – 14. Esas manitas…

En esta ocasión vemos otro de esos ejemplos de casualidades que no lo son, aunque lo parezcan. De esas que pasan desapercibidas salvo para las mentes enfermizas como la del que suscribe.
Véase el anuncio:


En primer lugar, comentaremos un detalle de menor importancia, pero que no por ello resulta menos llamativo. Puede parecer una tontería, y lo mismo lo es, pero también es mala suerte que de las 26 letras del alfabeto inglés, en la matrícula del coche al que encaraman a la mozuela se encuentren no una, sino dos letras 'X'. En nuestro querido manual de elementos subliminales para torpes, existe todo un capítulo a propósito de cómo la letra x sugiere de forma inmediata en nuestra mente la asociación de ideas x = sex, y cómo la aparición de letras x estratégicamente situadas se utilizan para potenciar dicha asociación.

Pero reconozco que lo más divertido del anuncio, de lejos, lo encontramos en las posiciones de las manos de la modelo. Posiciones no casuales, claro, como siempre, no se olvide el amable lector que a la hora de decir "va foto", el fotógrafo se ha pasado ya la tira de tiempo componiendo y recolocando todos los elementos de la instantánea.
En el caso que nos ocupa, la chica hace ademán, con su mano izquierda, de abrirse la chaqueta para empezar a enseñar cacho, mientras que con la derecha… con la derecha… con la derecha la Liga de la Decencia me impide decir que parece que le esté haciendo al jovenzuelo que mira la publicidad (porque es que sois unos enfermos, coño) un soberano trabajito manual de los que hacen época. ¿O no?

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Publicidad subliminal – 13. Vamos a anunciar esta bonita pluma

No sé. Supongo que si te sientas a pensar, con un poco de esfuerzo alguna idea te saldrá. No es fácil, porque publicitar una triste pluma, por mucho que sea un artículo de señores de alta alcurnia y escritores de fama, no debe ser fácil. Y, a fin de cuentas, el primer mandamiento de la publicidad es el de siempre: el sexo vende. Así que para qué nos vamos a calentar mucho la cabeza, cogemos a un maromo y a una tía buena, los ponemos bien juntitos a los dos, añadimos algún claroscuro de la escuela "subliminal para torpes", de forma que nuestra malévola mente se imagine cosas que no están pasando (esas caritas, la posición de esas piernas, esas manos que no se ven, esas sombras que sugieren cosas que no deberían estar ahí a la altura de ciertas bisectrices, etc.), et voilà, ya tenemos el anuncio:

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Publicidad subliminal – 12. Ay, la leche (nunca mejor dicho)

Seguro que al “creativo” se le fundieron los plomos debido al esfuerzo. Primero, porque como le habían explicado en la facultad el primer día de colegio, para publicitar cualquier cosa, y no importa que sean cosméticos, ropa de baño, licores o mantillo para plantas, nada hay más efectivo que una rubia (muy) escotada con cara de que le estén echando el polvo de su vida. Reiteramos: sin importar demasiado qué es lo que se pretende vender. Pero es que encima, en este caso las cosas venían rodadas: había que publicitar un producto que combina muy bien (según el anuncio) con leche, así que el “creativo” sólo tuvo que echar mano de su manual de simbolismos freudianos para torpes, y ahí estaba, en negro sobre blanco, el quid de la cuestión: mujer, leche que se derrama, etc.

No creo que el “creativo” haya ganado nunca un premio, pero coño, viendo el resultado, ¿no se lo merecía?:

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Publicidad subliminal – 11. ¿Que las mujeres quieren trabajar? ¿Estamos locos o qué?

Imagínese el cuadro el amable lector. Reunión de las altas esferas, a las tantas; mucho habano de importación, paseillo/competición de secretarias para ver cuál está más buena, lingotazos de malta de 17 años. Y todo este despliegue a causa de la disyuntiva de los carcas accionistas de la compañía telefónica norteamericana del anuncio que hoy tratamos porque algún tonto del haba vinculado al gobierno progresista que cuatro indocumentados han colocado con su voto en la poltrona presidencial les ha planteado todo ese rollo de la igualdad de oportunidades y de nuevas políticas no sexistas.

-La cosa está clara, señores. Se nos está exigiendo que cumplamos con la nueva política de igualdad de nuestro (permítanme que me carcajee) nuevo gobierno.
-¿Qué política de igualdad ni qué niño muerto? ¿Cómo demonios vamos a conseguir que cualquier hijo de vecino se fíe de una tía con una herramienta en la mano? Una tía con una herramienta en la mano, ahí es nada. El mundo definitivamente se va al garete.
-Pues tenemos un problema gordo. Ciertos activistas nos están tocando los huevos a base de bien con este rollo, así que algo tenemos que hacer. Debemos mantener la confianza de nuestros clientes, pero al mismo tiempo habrá que idear alguna cosa para torear a estos meapilas.

Y algo idearon, desde luego. Y, por una vez, me quito el sombrero ante la combinación de concepto y mala leche de la que el publicitario encargado hizo gala:

Aseguraría, sin temor a equivocarme, que éste es el único anuncio de la historia que tiene como protagonista a una modelo que no está injustificadamente buenísima. Y alguien podría pensar: pues ya era hora, si hay un ejemplo de publicidad no sexista, es éste.
Pues un cuerno. Analicemos los detalles.

-En primer lugar, llama la atención el hecho de esa falta de atractivo. Porque lo que se plantea, precisamente, es que si una mujer parece una mujer, no puede ser una buena trabajadora (no, al menos, de la compañía telefónica en cuestión). Así que para que los clientes (masculinos, se entiende, que al final son los que toman las decisiones y traen el dinero a casa, siempre de acuerdo con la mentalidad de la compañía en cuestión) se fíen de la mujer trabajadora, lo mejor es que no lo parezca mucho.

-Aún llama más la atención que, de todo en lo que la chica podría estar ocupada ahí arriba, encaramada al poste y con tanta herramienta, precisamente esté hablando por teléfono. Dejo al amable lector como tarea que busque posibles respuestas a esta “casualidad”.

-Por último, y a modo de detalle complementario, resulta curioso el “uniforme” de trabajo de la operaria en curso. Sin un mono como mandan los cánones, sin casco, guantes ó botas de seguridad… vamos, que si nos fiamos de las apariencias, la pobre muchacha tiene de técnico lo mismito que tiene de californiana (detalle “bonus” éste, y que aparece en el texto del anuncio. Imagínate a una californiana de 20 años, y después dime si te la habías imaginado como la que vemos).

Resumiendo: el caso es que aunque pudiera parecer que los progresistas muchachotes dueños de la AT&T realmente habían hecho caso del cuento ese de la igualdad con el que tanto les estaban dando la lata desde ciertos sectores que mejor deberían dedicarse a su cosas en lugar de molestar a las empresas serias, en el fondo, incluso en un anuncio que aparentemente publicitaba dicho concepto, los encargados del asunto lo tuvieron bien clarito desde el primer momento.

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Publicidad subliminal – 10. Vamos, nena, acércate ahí

Reconozco que en esta serie sobre publicidad subliminal (cutre, por cierto) mis anuncios favoritos son los de tabaco.

Hay que ver las cosas que llegan a hacer los tíos para convencernos de que el consumo de tabaco nos convierte en los reyes del mambo a toda vela. En el ejemplo de hoy, sólo hay que ver la posturita casual del maromo y la no menos casual de la muchachuela.

Que alguien me diga si yo soy un enfermo o aquí lo que estamos viendo es el posicionamiento inicial de exactamente lo que parece, no sé si me explico ; )

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Publicidad subliminal – 9. ¿Pero qué hace ahí ese melocotón?

Este es tronchante. En casos como éste no me queda más remedio que pensar que el “creativo” publicitario responsable (nunca mejor dicho) de semejante broma lo hizo aposta, en plan vamos a echarnos unas risas, coño. Porque la alternativa, es decir, que lo hiciera en serio mientras pensaba soy un genio, me parece tan difícil que me planteo que ni hablar, que nadie puede ser tan sumamente garrulo.

La cosa es que bajo el eslogan “Qué es sexy?”, pretendiendo el viejo juego sexy=producto anunciado, se hace una composición de una serie de parejas más ó menos amorradas. Supongo que el que mira el anuncio debería elegir cuál le parece más sexy de todas, y que la respuesta (obvia, por otro lado) es que, en todos los casos, el producto anunciado es directamente responsable.

Pues muy bien. Y digo yo: ¿ese melocotón con leche derramada es sexy? ¿Tiene algo que ver el susodicho melocotón con el concepto del anuncio? ¿No había una forma menos torpe y obvia de simbolizar lo que se está simbolizando? ¿Los creativos le dan al orujo como otros le damos al agua del grifo? ¿Alguien sabe cuántos son cuatrocientos dracmas?

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Publicidad subliminal – 8. De trenes, botellitas en forma de punta y otros símbolos freudianos que validan intelectualmente ciertos desmadres

La cosa es más o menos como sigue:

En ocasiones, ciertos “creativos” con el rostro elaborado a base de hormigón plantean, como excusa para sus desmanes risibles hasta quedarse uno tonto, que lo que en realidad están haciendo es arte, con mayúsculas y en letras floridas, lo que se deduce fácilmente porque son seres leídos, que saben de lo que hablan, y que utilizan enrevesadas simbologías freudianas para potenciar sus mensajes consiguiendo así que lleguen con mayor fuerza al consumidor.

Es por esa razón que fotografías como la que se muestra a continuación no suelen ser, como podría pensarse después de alucinar un ratito tras verla, descerebrados ejemplos de total falta de sutileza a palo seco, o cuando menos, muestras descacharrantes de lo que un publicitario con sentido del humor puede colarle a un cliente. No. En realidad, se trata de curiosas mezclas de publicidad (poco) subliminal e intentos patéticos de creerse uno mismo el nuevo dios del orbe publicitario, capaz de demostrar lo mucho que sabe de simbolismos crípticos tan complejos para la mente humana como que (anda tú, no me digas, pues no me había dando cuenta, la verdad) entre otras cosas un cohete y una botellita son una polla (símbolo fálico, que diría el artista tras lanzarte una mirada despectiva):

En fin, qué cosas :)