No puedo asegurar la veracidad de lo que sigue, porque por el bien de mi salud no entraré nunca en un McDonalds mientras haya infectas tascas en las que comerse pinchos de tortilla hechos el día anterior. Porque un hombre debe tener sus prioridades bien claras.
De todas formas, quizá sea a causa de mi perenne poca fe en la humanidad, pero no creo que las jugosas fotos (para seres sin paladar, claro) que suelen aparecer en las hamburgueresías tengan demasiado que ver con el producto final que a uno se le entrega. Pero, en todo caso, y para reforzar aún más la impresión de que estás a punto de hacer una buena compra, que a ese cerebro tuyo que siempre está pensando en lo mismo se le ocurra susurrarte desde el inconsciente que ese pan se parece sospechosamente a un culito brasileiro y que, por tanto, esa hamburguesa va a estar sabrosa de verdad, y que a continuación y con las sinapsis cerca de cortocircuitarse mientras se plantea la lógica ecuación Hamburguesa = SeXXXo te haga rascarte el bolsillo sin pestañear dos veces, será cosa hecha.
O tal vez no. Lo mismo es que los panaderos de McDonalds tienen la hostia de inquietudes artísticas y se dedican a esculpir los bollos de pan a las cuatro y media de la mañana y con el horno a 42 grados. Seguramente sea eso:


Debe existir alguna ley en alguna parte que obligue a los publicistas a que todos los anuncios de helados relacionen de forma más bien poco solapada a los productos en cuestión con el sexo. Sí, vale, todos sabemos que si queremos anunciar un producto que se chupa, y teniendo en cuenta que la cabra siempre tira al monte, el camino más fácil es siempre el mismo. Y que de todos es sabido que criticar este tipo de imágenes es cosa de feos, gañanes, y en general despojos de la sociedad que bullen de maliciosa envidia cochina.
Pienso que hay otro plus en la imagen de hoy: para evitar que las asociaciones
de moscas cojoneras como el Instituto de la Mujer Fashion se nos echen a la chepa y nos pongan a caer de un burro por intentar vender helados con el siempre agradable gancho de una tía desnuda y con cara de que ese helado le está provocando orgasmos a mansalva (el comer cosas frías y dulces es lo que tiene, oigan), pues ponemos a la parejita perfecta de turno haciendo algo que, con un importante esfuerzo de imaginación, pueda parecerse en algo al acto en sí de zamparse un helado con o sin palo. De esta forma, alehop, evitamos las críticas e incluso, con suerte, conseguimos que algún memo con medio dedo de frente nos diga que la imagen in question es arte de ese que supera con mucho a la capilla sixtina y otras mariconadas de hace tropecientos años.
De todas formas, digo yo que en lugar de tirar siempre por lo fácil, le podríamos echar un poco de imaginación a la cosa de cuando en cuando, ¿no?
En realidad, yo lo veo muy lógico. Utilizar el sexo para intentar vender, por ejemplo, ropa interior o condones con sabor a repollo (véase el astuto juego de palabras), puede tener cierto sentido en este mundo nuestro tan superficial y excluyente. Pero claro, como nadie dice esta boca es mía cuando también se utiliza el sexo para vender yogures o cereales cargaditos de esa explosiva mezcla que es fibra y chocolate, entiendo que el resto de anunciantes se digan "qué coño, a ver por qué nosotros no vamos a poder hacerlo". Supongo que es por eso por lo que el siguiente anuncio, que en otro contexto parecería ridículo y sonrojante, teniendo en cuenta lo que se ve por ahí a diario, hasta me empieza a parecer normal y todo. Preocupante, ¿no?

Por si el amable lector se lo estaba preguntando: sí. Es una barra de pan. Cualquier amago de su calenturienta mente para darle un sentido diferente a la imagen es, como siempre, responsabilidad suya. Aquí sólo anunciamos pan. Nada más.
Toma ya. La sutileza al poder. Claro que sí. Puestos a ser exagerados, serlo a lo grande, que las medias tintas son cosa propia de nenazas y cobardicas.
¿O es cosa mía? ¿No estaré confundiendo el muy inocente concepto de "agítalo, nena", refiriéndose al envase de cerveza, que es algo que todo el mundo hace con las cervezas, por cierto, agitarlas a tutiplén, con ir por ahí agitando otras cosas para que derramen algo que no es precisamente espuma, a causa de mi mente enferma? ¿Acaso no es cierto que cualquiera de nosotros se pone en pelota picada y después sujeta una botella en esa posición tan natural y lógica para después agitarla por que así la cerveza sabe mucho mejor y te ríes un montón por salpicarte por todas partes? ¿Y no parece obvio que el "creativo" no ha querido, repito, no ha querido insinuar nada raro con la posición de la botella, las manos, el eslogan y la ayuda de la siempre inestimable calenturienta imaginación del personal?
P.D.: Pregunta malévola para el Instituto de la Mujer Fashion: ¿esto es publicidad sexista?
Ya en una entrada anterior al blog destacaba una curiosa forma de anunciar un producto tan inocuo en lo que se refiere a modos de anunciarse como pueda serlo la leche. Lógicamente, inferí por el resultado que no debe de haber ninguna otra forma de presentar un anuncio impactante que no sea a base de rubia y derramamiento de líquido blanco. Pensaba que no lo vería repetido por aquello de que una vez es casualidad pero dos es conspiración judeomasónica, pero mira tú por dónde, como si estuviéramos en un circo y al grito entusiasta de "y ahora el más difícil todavía", me he encontrado con un segundo ejemplo mucho más bizarro aún que el anterior. Como siempre digo en estos casos, aconsejado por mis numerosos abogados, esto no es lo que parece, todo es culpa de vuestras calenturientas mentes, y es que sois unos enfermos:
Claro que sí, no intentéis escaquearos ahora a la voz de a mí que me registren. El publicista que ha perpetrado el anuncio de hoy es un tipo serio, responsable, que sólo ha pretendido demostrar el frescor del agua embotellada que se pretende publicitar, sin dobles sentidos ni nada de nada. La culpa es vuestra, que en cuanto se os muestra un chorrito de algo líquido derramándose sobre una muchachuela que pasaba por ahí, empezáis a imaginar cosas que nada tienen que ver con la realidad. Así que ni por un momento os vayáis a creer que el que la jovenzuela de la foto ponga esa carita que pone al notar las primeras gotas derramándose sobre ella son otra cosa distinta que sed bien entendida. Ni por un momento penséis que la manida imagen del chorro que cae, casualmente sobre ella, hace pensar en el final de cualquier secuencia de película de esas con muchas x. De eso nada, todo es mucho más inocente que eso, la culpa es vuestra, por malpensados:
Este anuncio es viejo, como se puede suponer al verlo por su grafía, estilo y colorido, pero es uno de mis favoritos. Es bastante menos obvio que otros con los que nos hemos reído en artículos anteriores, y no utiliza lugares comunes (sexo, vamos) para lanzar el mensaje subliminal. A ver qué os parece:
¿Nada raro? Pensad por un momento en lo que se está anunciando: tabaco. Todo aquello que esté de más con respecto al producto anunciado es por definición sospechoso.
Exacto: el puente. Lógicamente, hay que buscar una excusa para que aparezca, así que como modelos para el anuncio ponemos a dos trabajadores de la construcción, y así ya todo parece lógico.
Pues no. Puede parecer una ingenuidad y una tontería, pero los mensajes ofrecidos a partir de imágenes son viejos y bien conocidos (recuérdese el típico ejemplo del tren entrando en el túnel que se inventó Hitchock, que era un genio, el condenado). Y en este caso, el puente es un elemento simbólico que trabaja de una forma clara: mediante el acto de compartir un pitillo, se tiende y se refuerza un acto de amistad. La pretensión del anuncio, es, pues, clara, y no es otra que reforzar cualquier tipo de valor positivo que se pueda contraponer a las connotaciones negativas del tabaco. Curioso, ¿cierto?
Me estoy empezando a preocupar. A ver si va a ser verdad lo que comentan mis amigos, entre reproches varios, acerca de que estoy empezando a ver fantasmas donde no los hay, y que me lo haga mirar…
Porque, cual perturbado de película norteamericana que ve soterradas conspiraciones gubernamentales donde no las hay, cual agente Mulder convencido de que su gobierno le está tomando el pelo a base de bien y riéndose en su propia cara, yo estoy empezando a ver en todas partes intenciones ocultas. Y, en mis cada vez más escasos momentos de lucidez, me digo que no, que los publicistas no pueden ser tan retorcidos, que son profesionales irreprochables que no buscan el doble sentido en sus trabajos:

“Tu solución para un día estresante”, leí. Y en mi cada vez más preocupante paranoia, salté de la silla como si una avispa me hubiera pinchado el culo. Igualito que un viejo carca cualquiera. Porque se supone que de lo que aquí se está hablando es de un relajante baño con los productos anunciados, pero, me dije, nada puede ser lo que parece. Ni hablar. El producto se puede anunciar sin que la modelo de la foto esté tan descaradamente despatarrada en la bañera. Sin que la modelo tenga una expresión sospechosamente placentera para estar simplemente tomando un baño. Sin que, por la posición de la susodicha y la falta de una de sus manos (que sospecho se encuentra situada justamente en su misma bisectriz, qué escándalo, qué perversidad, qué descoco), se me revele que la “solución” para el día estresante de marras no es precisamente la aromaterapia, no.
Pero sé que no puede ser así. Sé que exagero. Si hay algo de lo que la publicidad carece, es de dobles sentidos. ¿Verdad?