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La Coctelera

Volvemos después de la publicidad

Aburridas reflexiones sobre la decadencia del mundo occidental a través de la publicidad. Casi nada, oiga.
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Categoría: Star Wars revisitado

29 Febrero 2008

Bien, llega el momento cumbre de la breve historia de la Rebelión: tras el espectacular y un tanto desmadrado rescate de la princesa Leia, la Estrella de la Muerte ha seguido sibilinamente al Halcón Milenario y está a tiro de piedra de Yavin, cuartel general rebelde. Como la Estrella puede fulminar todo un planeta de un solo disparo (mariconadas, las justas), la solución sólo puede pasar por un ataque frontal, desesperado y valeroso, que para eso somos los buenos. Por ello, desplegamos la treintena de cazas estelares de que disponemos, los dividimos en grupos, y listos para repartir hondonadas de hostias.
Llegados a distancia de ataque, nos encontramos con fuego de los turbolásers de los que la estación tiene a puñados, pero como los cazas estelares son pequeños y maniobrables, no dan una. Plan B: desplegar los escuadrones de cazas TIE de la estación. Llegados a este punto, hay que reconocer que la Alianza tiene una suerte del copón: la Estrella tiene el tamaño de una pequeña luna, vamos, que es grande de cojones, y aún así su dotación de cazas estelares es bochornosamente ridícula. Tanto, que por primera vez el plan parece que pueda funcionar. Porque sí, teníamos un plan:

La Estrella de la Muerte es, como ya se ha dicho, grande. También es redonda, pero eso no viene al caso ahora. Como es tan grande, puede resistir un ataque directo sin que se le consiga arañar el casco; sin embargo, gracias a los planos técnicos obtenidos por la princesa Leia, que se los dejó a un robot con forma de secadora que se los llevó a un tal Ben Kenobi que conoció a un tal Luke que se encontró con un pirata vacilón llamado Han Solo con un felpudo de tamaño industrial como amigo que… etc., sabemos que los diseñadores de la estación, que también manda huevos, han dejado un agujero que va directamente y sin escalas al mismito núcleo generador de energía de la Estrella. O sea, que un pepinazo en el sitio justo, y angelitos al cielo. Aunque para que los diseñadores no pierdan futuras contratas con el Imperio, hay que decir en su defensa que, no pudiendo colocar en el agujero ni una mísera rejilla, quizá por problemas presupuestarios, quizá por cuestiones técnicas excesivamente complicadas como para que los plebeyos podamos entenderlas, colocaron el susodicho agujero al final de un largo pasillo bien protegido por un montón de torretas láser de las gordas. Además, tampoco nos pongamos chulos, acertar en el agujerillo dichoso tampoco es tan fácil, que en el Lawrence Holland’s X-Wing más de uno tuvo que probar veinte veces antes de conseguirlo.

Bien, llegados a este punto tenemos a la mayor parte de los grupos de Alas-X e Alas-Y distrayendo a los TIEs por ahí arriba, así que valor y al toro, tres cazas entran en el pasillo, y hacia el agujero a toda mecha. Lamentablemente, Darth Vader in person se ha puesto a los mandos de su TIE especial (el único con hipersalto, a los jefazos siempre de lo bueno lo mejor), así que se cepilla al primer grupo de ataque. Bueno, en realidad uno llega a disparar sus torpedos, pero falla, claro. Sin embargo, gracias a la intervención en el último momento del amigo Han, nuestro héroe consigue, sin necesidad de utilizar computadoras de objetivos ni zarandajas, colar dos torpedos de protones en el mismo centro de la diana. Venga, ya está, retirada a toda leche, la Estrella se desintegra, el Emperador se cabrea, la Alianza vence, y nuestros héroes reciben un medalla por su trabajo, con las excepciones sospechosas de los robots protagonistas y la aún más sospechosa del amigo Chewwie en lo que parece una maniobra racista de primer grado.

Chupado ¿no?

22 Febrero 2008

Espero ver cómo tomáis apuntes, porque penetrar en la que se supone mejor, más poderosa, y más redonda estación espacial del malvado Imperio Galáctico, llegar hasta la supuestamente bien defendida zona de celdas para maleantes y bichos raros en general, rescatar a una chica que para colmo es princesa de un planeta republicano, escapar utilizando malolientes alcantarillas de amplios accesos, y conseguir finalmente huir sin bajas (bueno, hay una, pero no cuenta porque es voluntaria) ni apenas rasguños, es una hazaña de primerísimo nivel que no se ve todos los días. Veamos:

Un rayo tractor (suena feo, pero es lo que hay) captura a El Halcón Milenario, que pasaba por allí, y que se acercó demasiado porque aquello tan grande que había a lo lejos no podía ser una estación espacial, anda ya. Ante la imposibilidad de conseguir escapar de tan útil rayo, no parece que se pueda hacer mucho, ¿verdad? Craso error. Tras una somera búsqueda por el interior del Halcón que merecería dimisiones varias y alguna que otra cabeza cortada si hubiera decencia en este mundo, las patrullas imperiales no encuentran a nadie. ¿La razón? Nuestros héroes se han escondido en los bajos fondos ad hoc para el contrabando, y, claro está, a nadie se le ha ocurrido desmantelar el Halcón a trocitos para asegurarse de que no se la están metiendo doblada. Añadiéndole a eso que la computadora informa de que los tripulantes huyeron como ratas antes de ser capturados, y todo el mundo sabe que las computadoras, aún las Rebeldes, no mienten, y nos encontramos conque de momento nadie se imagina que nos hemos colado hasta la cocina.
Tras la relajación propia de los cambios de guardia (que esa es otra), nuestros héroes consiguen esconderse en una salita cercana donde, tras enterarse de que la princesa Leia está a bordo, deciden rescatarla y así aprovechar el viaje. Véase cómo: colocamos unas esposas a un wookiee y nos disfrazamos de soldados de asalto. Por suerte, esas máscaras tan molonas consiguen que nadie te reconozca: así que toma nota para futuras incursiones, en esos detalles se reconocen a los genios de la morralla que nos rodea. A continuación, sin vacilaciones y sin conocer el camino, pero ese es otro tema, llegamos a la zona de prisioneros vía ascensor directo. Allí nos hacemos los tontos, soltamos al wookiee cuando nadie nos mira, y montamos la marimorena.
Ya hemos conseguido un tiempo precioso para localizar a la prisionera y rescatarla. Lamentablemente, los imperiales nos cortan el paso a ambos lados del pasillo. No problem, disparamos a una pared para hacerle un buen boquete, localizamos una alcantarilla, y de cabeza, que las cosas se ponen feas.
Vale, ya casi estamos. Ahora solo falta que nuestro droide favorito nos abra la puerta, que ascendamos alrededor de cincuenta niveles, y de vuelta al Halcón para salir por piernas. A estas alturas nuestro anciano jedi ya habrá desconectado el rayo tractor: es un jedi, así que no hacen falta muchas explicaciones, lo hace y basta, que para eso es jedi. Alehop, entramos en el hangar, pegamos unos cuantos tiros de despedida, y nos vamos cagando leches de allí.

¿Fácil? Por supuesto. Lo que pasa es que a estas alturas ya deberías haber pensado que era sospechosamente sencillo. Piensa, borrico, es una trampa, te están siguiendo, van a localizar Yavin y tú les estás llevando hasta allí.

Próximamente, la continuación.

Sobre Volvemos después de la publicidad

Bajo el nombre de guerra de Darkpadawan se esconde un ingeniero técnico en la treintena, nacido en el mismo Bilbao, con las vocaciones frustradas de escritor, músico y cineasta. Aficionado a cuestionarlo todo, he encontrado en la publicidad un inestimable filón para comprobar hasta qué punto el mundo en el que vivimos no funciona. Como me gusta escribir, era obvio que algún día terminaría por aquí.

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