Parece que pintan bastos en lo que se refiere al jugador brasileño del F.C. Barcelona. Por lo que se ve, no debe estar a gusto con el simple hecho de que en un mundo tan complejo e injusto como éste el muchacho tiene el resto de su vida resuelta sólo porque sabe (¿sabía?) hacer cosas con un juguete -pelota de fútbol- que la mayoría no podría por mucho que lo intentase, así que se dedica a pegarse la vida padre -aún más- con unas juergas nocturnas de las que hacen época. Por lo visto, como su rendimiento futbolero ha bajado lo suyo, ya se está pensando en empaquetarlo rumbo a algún club turco o similar que se deje una pasta por aquí, y a los aficionados al balompié en general esto les parece una pérdida. A mí, como el fútbol ni me va ni me viene, reconozco que la noticia, si se confirma, me alegra bastante. Y no porque tenga nada en contra del muchacho salvo afearle su absoluto desprecio al currante medio, ni porque desee fastidiar las tardes de domingo a los fans de la pelotita. No. En realidad, como soy un bicho raro, me alegro porque así conseguimos dejar de ver a Ronaldinho, y la madre de Ronaldinho, y el hermano de Ronaldinho, y a los imitadores de Ronaldinho en general, aparecer en tres de cada cuatro anuncios televisados a todas horas, cual plaga bíblica. Porque si se puede llegar a entender que un astro deportivo sirva para vender cualquier cosa, lo de su señora madre primero, y lo de su hermano después, ya clamaba al cielo. Ver a prácticamente toda la familia del jugador repartida por los minutos de publicidad de las cadenas vendiendo casi de todo era la leche. Qué descanso, por Dios.
Sobre todo me imagino lo que ha tenido que ser en la sede de los creativos de la marca de desodorantes que planteaban que el numeroso sudor del jugador, ejemplo de trabajo diario, sólo podía ser combatido con la marca que le contrató. Pues anda que no se pueden hacer ahora coñas al respecto sobre lo rápido que ha desaparecido el sudor del futbolista. Espero, por una cuestión de higiene moral, que la lumbrera responsable de tamaña metedura de pata haya sido puesta de patitas en la calle a la voz de ya.
Por otro lado, siempre viene bien confirmar que la famosa Maldición de las Natillas Danone, que por si no lo sabíais deja prácticamente en mantillas la de Tutankamon, sigue estando en plena forma y se ha cobrado una nueva víctima propiciatoria; cuando Dios cierra una puerta, abre una ventana. Haced, haced memoria de los involucrados en los susodichos anuncios antes del otrora astro brasileño, y luego me contáis.
