A tenor del redundante diseño de los anuncios de preservativos, yo diría que estamos ante una estrategia de marketing bastante equivocada. Porque, por mucho que desde el mundo de la publicidad, de la moda, del cine, de las revistas de "salud" ("dieta de la alcachofa", "los diez pasos para la felicidad", "cómo saber si le gustas", y todas esas cosas tan íntimamente relacionadas con la salud), y otras hierbas se insista en que vivimos en un mundo de algodones blancos, vecinitas modelos de pasarela y musculosos funcionarios de ventanilla, pues como que no. La cruda realidad es que los feos somos más. Pero muchos más, ¿eh? Cosa distinta es que uno baje el listón por aquello de conformarse con lo que está a tiro, o que en el fondo seamos unos golfos que lo mismo nos da verde que morado, pero si un buen día nos ponemos en plan mega-exigente, nos damos un paseo, y comenzamos a puntuar de acuerdo con los modelos propuestos por nuestra sociedad, veremos que las estadísticas bajan una barbaridad.
Dicho lo cual, uno se plantea entonces la razón por la que desde la publicidad de productos preservativos no se deja de dibujar la idea de que aquí solo mojan los guapos. Porque oye, es que no falla, ver un anuncio de condones y encontrarse de bruces con una pareja de jóvenes, guapos, y probablemente sobradamente preparados, listos para el lío, pero eso sí, protegidos de consecuencias no deseadas por las gomitas en cuestión, es todo uno. Esto es lo de siempre: la publicidad no busca acercarse a los modelos de sus consumidores; por el contrario, ofrecen sus pautas acerca de cómo deben ser dichos consumidores. Dicho a lo bruto, aquí no se plantea siquiera que si eres feo lo mismo un día suena la flauta y pones una pica en Flandes, qué va. De lo que va esto es de que como eres guapo y vives en una bendita época de libertad sexual, pues lo tienes chupado y sólo te toca tomar las precauciones justas y empezar a atacar a todo lo que se mueve. Así que aprovéchate, majo, que vamos a vivir dos días. Y ahora los tenemos a buen precio y tan suaves como el terciopelo de calidad ultra.
Y mira que se podrían hacer anuncios divertidos al respecto, con ese muchachote feucho, intentando picar de flor en flor sin que haya manera de que triunfe, hasta que de pronto un día ve la luz, se compra una cajita de veinticuatro de la marca en cuestión (puestos a exagerar, hacerlo a lo grande) sin inmutarse por la sonrisita entre cómplice e incrédula de la farmacéutica, y a partir de ese momento, en cuanto muestra la cajita medio vacía, las chicas se le tiran al cuello y nuestro héroe pasa a ponerse las botas con todo quisqui, incluyendo, como remate del spot, a la farmacéutica, a los acordes del "Body to Body", de Falco, por ejemplo.
Pero no, claro. Para qué nos vamos a complicar la vida. Con lo fácil que es poner a una rubia y su maromo estilos Barbie/Geyperman, sonriendo a cámara para restregarnos que esta noche también van a rockanrolear la casbah, previa utilización de los chubasqueros antifuga, mientras los demás, los normalitos que triunfamos de pascuas a ramos, la mayoría, vamos, nos quedamos como siempre a verlas venir con cara de gilipollas...
