La verdad es que para un friki de Star Wars como el que suscribe, es cojonudo, aunque a los que no les guste la saga les puede dejar fríos; pero aún así no me resisto a ponerlo. Se proyectó el 23 de abril pasado, sustituyendo al ya típico aviso para los espectadores, en este caso de la Academia norteamericana, de apagar los teléfonos:
En los años 80, hubo grupos de éxito que con el tiempo se han convertido en clásicos, y que nunca se preocuparon de otra cosa que fuera su música. Digo en los 80 (época dorada del videoclip, o eso decían porque vistos hoy en día hay cada cutrez que déjalos ir), porque por aquel entonces corría la peligrosa idea de que era necesario arropar un tema de éxito con vídeos de “artistas” de la imagen para así pasar a la posteridad más posterior de las posteridades. Como se ha comprobado después, en muchos casos de aquella descabellada teoría nada de nada. Y que conste que no tengo nada en contra de los vídeos, pero prefiero la música por lo que vale en sí misma. No sé si OMD pensaban lo mismo que yo ó es mera casualidad, porque las cosas como son, todos sus vídeos resultan cutres de cojones; pero no me importa, porque solo necesito empezar a escuchar los extraños y discordantes acordes (olé sus huevos) de la que considero una de las mejores canciones pop jamás compuestas, para que se me olvide que tengo que mirar para algún lado; al contrario, es entonces cuando te das cuenta de cuán accesoria es la imagen en el mundo de la música, por mucho que haya imbéciles absolutos que digan lo contrario:
Tiene guasa: en su momento, esto era un himno gay. Bueno, ni siquiera llegaba a la categoría de himno; era un tema gay a secas. Hace años, en una época políticamente menos correcta, en la que por cierto no había gays, sino maricones, aquellos que escuchaban cosas como el Tarzan Boy perdían aceite a base de bien.
Ahora, recuperado para el nuevo spot de Coca-Cola Light, la peña anda por ahí hablando de clásico de la música discotequera un pelín horterilla, cantándolo encantados y diciendo mientras te dan codazos "qué canciones hacían antes". Ya no hay etiquetas, ni miraditas compasivas a los bichos raros. Ahora aquella gente no es gay. Ahora son (casi) clásicos. En fin…
En 1982 Tears for Fears componen una de las dos canciones que, sin ser hijas de grupos del tecno pop británico de los 80, son curiosamente de las más representativas de aquel movimiento (la otra es, por supuesto, Sweet Dreams de Eurythmics). La versión original es una gran tema, y justamente conocido por sus méritos. Ahora bien: cuando el compositor de bandas sonoras Michael Andrews y el cantante Gary Jules realizan su particular versión, que apareció en esa maravillosa, extraña y sorprendente película de culto que es Donnie Darko, quizá no sabían que habían conseguido lo que casi nunca es posible: superar el tema original.
A estas alturas, gracias a que de nuevo se ha utilizado en el excelente anuncio del juego Gears of War, supongo que casi todo el mundo la conoce. Pero de todas formas, no me resisto a poner el vídeo original, poco conocido y sorprendentemente bueno. Casi tanto como la versión del tema musical:
Por regla general, soy persona de opiniones rotundas, inamovibles e impepinables. Como casi todo el mundo, vamos. Por eso no dudo cuando alguien me pregunta que cuál es la mejor canción que existe, y respondo de inmediato: The Perfect Kiss.
When you are alone at night
You search yourself for all the things
That you believe are right
If you give it all away
You throw away your only chance to be here today
Then a fight breaks out on your street
You lose another broken heart in a land of meat
My friend, he took his final breath
Now I know the perfect kiss is the kiss of death
Y es que New Order están, utilizando el título de una de sus canciones, tocados por la mano de Dios. Y si encima se permiten el lujo de filmar un vídeo casero en el que se muestran tal y como son a la hora de grabar el mejor tema musical de todos los tiempos, pues mejor que mejor.
Efectivamente. Después de mucho (demasiado) tiempo y de campear algún que otro temporal, una de las páginas web de referencia (y no lo digo porque yo sea forero habitual) del abandonware hispano se ha puesto de nuevo en marcha. Si os gustan los juegos antiguos, descatalogados, de los de 256 colores y obras maestras como The Secret of Monkey Island (¿Qué? ¿que no lo conoces? Ay, Dios, qué mundo éste), si queréis encontrar una comunidad abierta, siempre dispuesta a ayudar y con muchos proyectos pasados, presentes y futuros rondando las cabecitas de sus usuarios, no olvidéis pasar a visitarnos:
Como casi todo hijo de vecino, yo conocí a The Human League gracias a su pluscuamperfecto Dare y el tema que mejor ejemplifica el movimiento tecno pop británico de los primeros 80: Don’t you want me. Sin embargo, en su momento me resultó muy sorprendente encontrarme con su carrera anterior a su megaéxito, en concreto sus dos primeros álbumes, Reproduction y Travelogue, cuando los chicos de Sheffield aún no se habían escindido en The Human League y el colectivo B.E.F. / Heaven 17.
En particular, Reproduction me sorprendió muy gratamente; encontré en él la que parecía evidente influencia de Kraftwerk, pero al mismo tiempo ya apuntaban maneras sobre lo que sería el tecno pop. Y, en este contexto, el tema estrella del disco, Empire State Human, me pareció un auténtico pelotazo y no comprendí la razón por la que habían pasado desapercibidos salvo por algunos exquisitos y algunos raros que sí se habían fijado en que se trataba del primer disco del pop inglés realizado exclusivamente con instrumentación electrónica. Y es que Reproduction era un disco oscuro y complejo, y este tema parecía quizá estar un tanto fuera de lugar. Sin embargo, diría que el tiempo ha acabado por darles la razón y que con más razón que nunca merecen el título de adelantados y precursores de todo aquel movimiento:
Bajo el nombre de guerra de Darkpadawan se esconde un ingeniero técnico en la treintena, nacido en el mismo Bilbao, con las vocaciones frustradas de escritor, músico y cineasta.
Aficionado a cuestionarlo todo, he encontrado en la publicidad un inestimable filón para comprobar hasta qué punto el mundo en el que vivimos no funciona. Como me gusta escribir, era obvio que algún día terminaría por aquí.
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